En los Tiempos de la Posverdad

Ecos de Mi Onda

No basta decir solamente la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad.

Aristóteles (384 aC – 322 aC)

 

El término post verdad o posverdad, que se compone del prefijo post (o pos) al que le atribuimos el significado de detrás de o después de, y de la palabra verdad, nos conduce a una interpretación literal de aquello que está detrás o después de la verdad. Pero es en la palabra verdad en la que se centraría el análisis de una expresión que recientemente ha tomado fuerza no sólo como vocablo, sino como un concepto sobre el que vale la pena reflexionar en varios sentidos.

Cuando hablamos de la verdad, nos referimos a un asunto sobre el que se tiene certidumbre, que afirmamos con seguridad que ocurrió tal y como es descrito por alguna fuente de información fidedigna, o que nos consta de manera personal por haberlo observado directamente o experimentado en carne propia, aun cuando de alguna forma tuviera que haber pasado por el tamiz de un razonamiento para ajustar las características y propiedades de esa cuestión que juzgamos entonces como parte de la realidad.

Ya desde el siglo V a C, Sócrates nos alertaba que si vivimos sin reflexionar sobre lo que acontece a nuestro alrededor, no merecemos vivir; noción que Platón expresó de manera extraordinaria en la Alegoría de la Caverna, pues habitar entre las sombras de la ignorancia no es vivir. De esta manera, estamos obligados a analizar toda la información que recibimos para asegurarnos de su veracidad y no ser objeto de un engaño, que bien puede ser de efectos insustanciales, o quizá pueda tener repercusiones de profundo impacto para el individuo y su entorno social. Como seres humanos tenemos la capacidad de discernir precisamente sobre los alcances de una postura personal frente a las circunstancias que nos van aconteciendo en el tiempo, y de los efectos provocados por las decisiones que tomemos con referencia a una actitud determinante.

Así pues, si nos remitimos nuevamente al vocablo posverdad, el hecho de que está a punto de ser incluido en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, nos asegura al menos que cumple la condición de que el término tiene ya un hondo calado social, pero asimismo, que la dirección a la que apunta la definición no deja de ser preocupante, sobre todo porque da cuenta de la fuerte tendencia involucrada en su uso, ya que por posverdad, los académicos entienden que las aseveraciones dejan de basarse en hechos objetivos, para apelar a las emociones, creencias o deseos del público.

Parte fundamental de la importancia del desarrollo del concepto de posverdad, ha sido alentado por las redes sociales, en las cuales a fin de cuentas todos nos podemos convertir en informadores de un determinado suceso y muchos de los usuarios de estos medios nos hemos enterado de noticias que damos por veraces y que nos han impactado en su momento, pero que enseguida nos damos cuenta de su parcialidad o incluso de su falsedad. En medio del enorme potencial positivo de las redes sociales ¿Qué motivos provocan que algunos traten de abusar de la buena fe de los usuarios? ¿Se ha desarrollado en los usuarios el afán de admirarse permanentemente por noticias extraordinarias para romper con la insulsa rutina que los envuelve? ¿Existe quién se beneficia de emitir noticias falsas o parciales?

Es evidente el uso constante y cada vez más amplio de receptores de redes de comunicación interconectadas, al grado de generar incluso problemas inéditos debidos al uso indiscriminado, en particular al conducir vehículos, produciéndose frecuentes accidentes por la distracción inevitable al prestar atención a las señales recibidas. Es asimismo patente que gran parte de la población urbana actualmente gasta bastante de su tiempo atendiendo a los sitios de internet, compartiendo información con los integrantes de grupos sociales, o amigos, especialmente en Facebook, Whatsapp, Instagram y Twitter, con quienes ha integrado círculos de comunicación a distancia, además de atender Google, You Tube, Snatchap, Pinterest o Spotify, para explorar noticias, videos de diversos temas, mensajerías o música.

La información vertida a través de estos medios es diversa y va de notas cortas hasta información profusa y detallada sobre los temas de actualidad, algunas de las cuales debido a su impacto se convierten transitoriamente en trending topic y por su extensa distribución se convierte en virales, llegando a millones de usuarios al instante. En este cuadro todo mundo tiene la posibilidad de expresar sus opiniones, siempre de manera corta a causa de los propios lineamientos técnicos establecidos, y tratándose de notas sobresalientes, las aportaciones se pierden en un mar de opiniones, adecuada o pesimamente redactadas, así como muchas veces entre miles de opiniones inducidas por Bots (Robots) a partir de cuentas intencionalmente creadas para interactuar como supuestos usuarios normales.

Esta aparente libertad de opinión puede causar en muchos usuarios la impresión de que sus criterios y puntos de vista son importantes y tomados en cuenta, cuando bien puede también ser posible que las respuestas sean realmente utilizadas para pulsar el grado de reacción que se necesitará para contrarrestar las posiciones adversas a ciertas acciones controversiales, ocurridas en el seno de las comunidades en las áreas de influencia. Si a una acción corresponde una reacción en sentido contrario, de manera inteligente puede suceder que un interesado poderoso decida que en lugar de aplicar una fuerza opuesta se acomode en la inercia. Un ejemplo concreto de esto es la banalización de los actos de corrupción de los políticos mexicanos, incluidos en los múltiples casos de defraudación realizados en las altas esferas de gobierno, que repentinamente se convierten en trending topic, para pasar rápidamente a risibles anécdotas reflejadas en los memes, o caricaturas virtuales, que ridiculizan a los personajes y sus maniobras delictivas, al punto de irradiar la idea de que esto es un asunto normal y tolerable, apagando el fuego del activismo serio, que también utiliza las redes sociales para presentar los argumentos en los que se finca la responsabilidad de los culpables, los castigos que corresponderían a sus delitos y la exigencia de la reparación de los daños.

La posverdad enfocada a conducir a la opinión pública hacia los espacios de las emociones personales, de las respuestas basadas en la simpleza de la simpatía o antipatía que un personaje puede provocar en los receptores, en la conveniencia de las inercias, en el miedo a los cambios. La posverdad como herramienta política para obstaculizar la reflexión de los hechos, para opacar la claridad de los estados situacionales críticos y bloquear las intenciones de exigir medidas más inteligentes para el desarrollo social.

El uso de la posverdad  en el campo político requiere de astucia, de la observación cuidadosa de las condiciones mediáticas y de la magnitud de los debates, así como de los puntos débiles de los receptores para medir el impacto emocional de una verdad aparente, como la presencia de armas químicas en Irak para impulsar una guerra con el consentimiento sincero de la ciudadanía estadounidense; como la propagación de rumores que calumnian a un candidato a un puesto político importante; como la propaganda de un sistema gubernamental en la que se difunden sólo los avances positivos, soslayando la obviedad de graves problemas. La posverdad, sobre la que se montan conspiraciones, propagandas parciales, falsas interpretaciones, para objetivos tan relevantes como ganar elecciones, transferir acusaciones, trivializar culpabilidades manifiestas, redactar leyes insustanciales, fortalecer personalidades, debilitar fortalezas. El empeño en opacar la verdad en aras de intereses personales y de grupo, parece ser el objetivo prioritario de la clase política actual, que advierte el riesgo de perder sus atribuciones, si llegara a ocurrir que en el uso de las redes sociales se llegara a calibrar la lente de enfoque de las realidades, lo que sólo se lograría mediante la reflexión de las notas informativas antes de que calen hondo en la emotividad. Si se reflexiona en la vida se merece vivir, como nos aconsejaría Sócrates.

A México le espera un período de intensidad política, con la inminente cercanía de la elección presidencial, que comprenderá también la reconfiguración de las cámaras legislativas y la designación de varios gobernadores de los estados. La maquinaria se está afinando y las tendencias indican prioridad en la elaboración de mensajes sensibleros, sobre la confección y defensa de proyectos de gobierno para encauzar el desarrollo integral de la nación. El empeño será grotesco en la empresa de maquillar la imagen envilecida de la mayoría de los integrantes de la clase política nacional, que buscarán mantener a toda costa sus nefastos privilegios sobre los intereses fundamentales de construir una nación digna.

Pero sucede que México puede despertar, las tragedias a veces producen fortalezas que subliman a partir del dolor de las heridas y que impulsan a la solidaridad envuelta en compasión, entendida como el sentimiento de compartir la carga de las penas, y entonces pueden surgir las inquietudes y las reflexiones. México es grande en el dolor, pero puede ser aún más grande si logra salir de los escombros de la corrupción, de la impunidad y de la ilegalidad, levantando los cimientos de un país orgullosamente responsable de proyectar su propio destino.

Juan José Guzmán Andrade
Jubilado del Centro de Investigaciones en Química Inorgánica de la Universidad de Guanajuato. Afición desencadenada por la lectura y la música. Correo electrónico para comentarios: guzmandra@hotmail.com
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