El Renacimiento de las Aguas Cristalinas

Ecos de Mi Onda

A nadie le importa si no puedes bailar bien. Levántate y baila.

Los grandes bailadores son muy buenos por su pasión.

Martha Graham

 

Cuando llegué a estudiar aquí en la Universidad de Guanajuato a principios de los años setenta, la música era una compañía necesaria, indispensable, y vaya que el catálogo de intérpretes y estilos era muy amplio y variado. Por ese entonces los Beatles aún mantenían plena vigencia y si bien ya se habían separado, en las listas aparecía Let it Be en lugar preponderante y en la película del mismo nombre los cuatro de Liverpool daban muestra de un patente tedio y hartazgo que fue roto de manera sorprendente y magistral con su concierto en la azotea del edificio de Apple Corps, Londres, en 1969, el último regalo para nosotros sus leales y nostálgicos fans. El álbum Let it Be salió a la venta en mayo de 1970 y fue producido por Phil Spector, único disco que no fue producido por George Martin.

Pero bueno, había para todos los gustos y en el catálogo musical de la época sonaban constantemente por la radio las canciones de Santana, Rolling Stones, Led Zeppelin, Simon & Garfunkel, Chicago, The Doors, Elton John, Cat Stevens, The Hollies, Bread, Deep Purple, Bob Dylan, Carol King, Harry Nilsson, Eric Clapton, Allman Brothers, David Bowie, Roberta Flack, Stevie Wonder, James Taylor; Crosby, Stills and Nash y hasta los Archies, entre muchos otros grandes de la música. El desencanto por la separación de los Beatles se amortiguó un tanto con las primeras producciones de los integrantes por separado, el álbum Mother de John Lennon, McCartney de Paul y All Things Must Pass de George Harrison. En México sonaban insistentemente las canciones románticas y melosas de los Bee Gees.

Sin embargo, un grupo que despertó gran interés en el público mexicano y que pronto fue colocado en la cúspide, y aquí recuerdo las portadas de aquella pequeña revista que se llamaba Notitas Musicales, en las que aparecían los artistas del mes y que por aquellos años era acaparada precisamente por ese grupo norteamericano, los Creedence Clearwater Revival (CCR). La revista presentaba la lista y letras de las canciones preferidas por el público nacional de los artistas nacionales e internacionales, así como reportajes sobre las estrellas más populares y exitosas de la época.

Los Creedence tenían algo fundamental para los jóvenes, un excepcional ritmo bailable, sencillo pero de honda emoción y en cuanto sonaban las notas de alguna de sus canciones de inmediato se identificaba el estilo y los pies se movían hacia las mesas de las muchachas para invitarlas a bailar, ¿Me permite esta pieza?, íbamos tímidos y formales con la ilusión de que aceptaran y ya en la pista movernos al ritmo de los pasos alternados a la izquierda y a la derecha, torciendo un poco el tronco, moviendo los hombros y los brazos, y luego dando saltitos dobles como trotando hacia cada uno de los lados –Bootleg, bootleg, bootleg howl, findin´a natural woman like honey to a bee– y cuando embonaba el compás con la pareja era algo trascendente, era entrar en sintonía y asegurar el baile con todas sus tandas. Lo interesante aquí es que en los bailes de Química o de cualquiera de las escuelas de la Universidad de Guanajuato, que siempre se ponían de mucho ambiente, tocaban grupos locales, recuerdo especialmente a los Versátiles y a Opus Sixth Band por ser de León, pero también había buenos grupos de aquí de Guanajuato, como el Show Combo IV y The Young People, que hacían covers de las canciones de los Creedence de buena factura y fidelidad, y por tanto reproducían la magia de las melodías y ritmos que escuchábamos por la radio y en los acetatos de 45 y 33 rpm.

Resulta también digno de recordar las tardeadas que organizaban las amigas que vivían en esta ciudad y que nos abrían las puertas de sus casas y pasábamos tardes alegres bailando al ritmo de la música de los discos de moda, y las mamás nos regalaban sándwiches y refrescos para pasarla bien. No necesitábamos alcohol para pasar buenos momentos y las amistades se fortalecían con esa convivencia en la que la música y el baile siempre eran parte central.

Los Creedence representaban aire fresco y aun cuando muchos los consideraban un grupo menor, o al que sencillamente no le ponían atención, muchos otros pensaban que era una banda muy digna de respeto. Incluso la revista Rolling Stones, referencia más que importante sobre la música contemporánea los desestimó al principio, sin embargo tuvieron que reflexionar sobre el impacto tremendamente popular del grupo y tras una reevaluación, aceptarlos como una institución básica de la historia de la música norteamericana de rock y fuerte influencia de muchos otros grupos posteriores. En 1993 los CCR fueron introducidos al Salón de la Fama del Rock&Roll.

A finales de 1969 un amigo llevó un disco nuevo a la fiesta de Navidad que puso a bailar a todos los primos y amigos que nos reuníamos familiarmente año con año, y al escuchar Green River y Bad Moon Rising quedamos plenamente sorprendidos de la magia del sonido Creedence que inducía al baile sin remedio. Eran canciones del tercer LP llamado Green River, publicado en agosto de 1969. Pero la ebullición estaba por iniciar, pues al poco tiempo empezaron a tocar con insistencia en la XERW de León, las canciones que les abrieron de par en par las puertas del éxito nacional, Proud Mary y Born on the Bayou.

¿Quiénes eran, de dónde eran? ¿Qué significaba Creedence Clearwater Revival, ese nombre largo y misterioso? Acudimos al Pequeño Larousse para tratar de traducirlo e interpretarlo y dábamos con frases como el credo o la creencia del renacimiento del agua clara, o el renacimiento de la creencia clara como el agua, entre muchas otras ideas fantasiosas que trataban de descifrar la personalidad del grupo y de esa música que parecía transportarnos  hacia las corrientes del río Mississippi y esos barcos de vapor de ruedas, en cuya cubierta se armaban tremendos bailes en los rojos atardeceres sureños y que en el avance aguas abajo, se dispersaban en el aire notas de fusiones de rock y blues con toques de country, rasgueos de guitarras, ritmos bien marcados por el bajo y las percusiones, así como requinteos intensos que se filtraban en la floresta de las riberas del caudaloso río, avanzando desde Memphis hasta Nueva Orleans, el swamp blues o swamp rock lento y desenfadado en la alegría de la fiesta, el chooglin´.

Al conocer la historia de la banda nos informamos que en realidad era un grupo de amigos californianos, Doug Clifford, Stu Cook y los hermanos Tom Y John Fogerty, que desde 1964 hacían esfuerzos por conjuntarse y grabar su primer disco, oportunidad que les llegó hasta 1967 como los Golliwogs, pero sin buenos resultados. John empezó a componer nuevas canciones a las que se acoplaba el especial timbre de su voz, acaparando con su talento un evidente liderazgo que conducía hacia el sonido característico que los empezó a definir. Sonido original que los alejaba del estilo Golliwogs y que incluso requería de un nuevo nombre, de ahí el Revival, el Creedence surgió del nombre de un amigo de Tom, llamado Credence, al que le agregaron una e, y el Clearwater por una marca de cerveza. ¡Ah caray! Todas las traducciones realizadas y los empeños por descifrarlas quedaron sin sentido.

La fama fue inmediata y fueron invitados al Festival de Woodstock en agosto de 1969. Ya para entonces habían publicado dos discos: Creedence Clearwater Revival (1968), del que se desprendían covers de Susy QI Put a Spell on You, además de composiciones de Porterville y Walk on the Water , composiciones de John que marcaban el estilo Creedence que explotaría en el segundo LP, Bayou Contry, en el que sobresalían Proud Mary y Born on the Bayou, pero sin quedar atrás Keep on Chooglin´ y Bootleg en la conmoción originada por el reciente grupo.

Tras estos discos vinieron en cascada la publicación de los LPs Green River (1969), Willy and the Poor Boys (1969), Cosmo´s Factory (1970), Pendulum (1970) y Mardi Gras (1972). Siete álbumes en el transcurso de 1968 a 1972, para una carrera vertiginosa de una agrupación que gradualmente fue desgastándose en su relación, con el peso de un John Fogerty que fue asumiendo el mando absoluto, ganado a pulso por su talento como compositor, interprete y guitarrista líder, pero poco comprensivo con los amigos que le complementaban a la perfección y a los que fue subestimando de forma absurda. En estas condiciones el primero en abandonar la banda fue su hermano Tom, quien grabó un disco como solista con mediano éxito. Tom murió de SIDA en 1990, contagiado en una transfusión sanguínea realizada durante una operación quirúrgica a la que fue sometido. John comenzó a grabar como solista sin alcanzar nunca el nivel que tuvo con los Creedence. Doug y Stu han seguido teniendo presentaciones exitosas integrando una banda de suficiente calidad para recordar los éxitos de los Creedence, presentación a presentación en el mundo entero.

En los ecos de la mente rondan siempre los momentos en los que llegábamos a la cafetería Pingüis y le poníamos monedas a la sinfonola para escuchar I Put Spell on You y Fortunate Son, platicando sobre los acontecimientos de la época y las experiencias de nuestras vidas en el ambiente juvenil como estudiantes de la Universidad de Guanajuato. Una de las paredes del Pingüis estaba adornada con el dibujo de una pareja abrazándose en una de las madrugadas del festival de Woodstock y el logo de la paloma sobre el brazo de una guitarra, 3 Days of Peace and Music, decía el lema. En el resto de las blancas paredes enyesadas, los clientes teníamos permiso de escribir frases y rubricarlas.

Todo tiempo pasado fue mejor, se repite con frecuencia. ¿Cómo no va a ser así, si en el pasado los hombres viejos vivíamos la frescura de nuestra juventud?

Juan José Guzmán Andrade
Jubilado del Centro de Investigaciones en Química Inorgánica de la Universidad de Guanajuato. Afición desencadenada por la lectura y la música. Correo electrónico para comentarios: guzmandra@hotmail.com
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