Él pensó que de seguro sería alguno de sus tres hermanos: Hugo, Edgar o Alejandro que quería jugarle una broma, por lo que nunca ponía realmente atención y mejor ya se quedaba dormido…

El estar en Guanajuato te hace, sin saberlo ni quererlo, un ser que puede ver y sentir energías tanto negativas como positivas, te hace tener una especie de “don” y lo que ves, literalmente, jamás se olvida.

Pedro, mi amigo, me cuenta que cuando era niño, su mamá tenía en su cuarto matrimonial un grupo de muñecas acomodadas en diversos rincones: en el sillón, en las vitrinas, o en su cama. Me dice que muchas de las veces que se iba a dormir se sentía observado, sentía el malestar típico de que te están cuidando hacia dónde te mueves, qué haces, hacia dónde vas; él pensó que de seguro sería alguno de sus tres hermanos: Hugo, Edgar o Alejandro que quería jugarle una broma, por lo que nunca ponía wwwwwwwwwwwww78realmente atención y mejor ya se quedaba dormido, según él ignorándolos. Una de esas noches, en la duermevela decide girar su cuerpo y quedar de frente a la puerta abierta que daba justo enfrente a la recámara de sus padres, custodiada siempre por las muñecas que estaban en el sillón, pero en la penumbra de la noche, alcanzaba a ver que había una que sobresalía del resto, estaba de pie mirando de frente, hacia el cuarto de Pedro y los muchachos. Pedro se le quedó viendo como ya en sus últimos intentos de quedar dormido, y en uno de sus pestañeos, vio cómo es que la muñeca había girado un poco y lo veía con una vista penetrante como enojada con él. Pensó para sus adentros que mañana sin falta le diría a su mamá que quitara la muñeca de ahí, pues nunca se había fijado que en verdad esa muñeca tenía un rostro espeluznante, lúgubre, tenebroso, terrorífico y lo peor, movía los ojos para verlo a él. En eso estaba cuando se percata que la muñeca mueve ligeramente la mirada para verlo de soslayo, de ladito, como si le adivinara el pensamiento y lo amenazara si le decía algo a sus padres. Su actitud era retadora incluso se le veía el gesto de enojo dirigido hacia él. Pedro, asustadísimo, se queda en su cama vacilante en la decisión imperante de ir o no a despertar a su mamá y contarle lo que estaba sucediendo. Valiente se levanta y camina lentamente por el pequeño pasillo que ahora se le hace eterno, cuidándose de esa mirada penetrante que quiere hacerlo retroceder en un afán de salvar su estancia en esa casa, y en efecto, la muñeca lo seguía con esos ojos muertos que ahora estaban al acecho de su presa, de Pedro que seguía caminando, pensando en cómo iba a meterse al cuarto de sus papás si con esa muñeca había muchas más, pero decidido, ahora más que nunca, a pasar por sobre de ella si era necesario para llegar a su destino, pasa lentamente cerca de ese ser quien ahora ya en un movimiento franco levanta su pequeña cabeza mirándolo fijamente como queriendo intimidarlo; Pedro siente un frío en la espalda, cierra sus ojos, mejor corre aprisa desesperado y llega a la cama de sus padres a despertar a su mami. -¡Mamá, mamá! -¿Qué pasa hijo? -La muñeca me está viendo mamá, no me deja dormir, sólo me vigila desde el sillón. –Pedro la muñeca no hace nada, no puede ver, además es de porcelana con sus ojos pintados, no tiene párpados. –Pero te juro mamá que mueve sus ojos y me ve, me observa… Su mamá se levanta y lo acompaña a su cama, cuando pasan por el sillón, Pedro voltea y ve a la muñeca en su pose de siempre, con los ojos fijos, esa mirada inmóvil eterna, como si nada hubiera pasado, no hay pruebas de que quien esté dentro de ella la hace ver. Ya en su recámara Pedro se acuesta y desde ahí ven hacia el sillón, la muñeca está ahí viendo fijamente hacia el infinito, su mamá le dice: “Ves Pedro, la muñeca no te ve, está mirando para el otro lado”, sin saber lo que eso causa en un niño, su mamá ya le había dado la razón que la muñeca veía. Pedro, le dice que no se vaya que no lo deje esa noche, pero su mamá se retira a su cama y la ve yéndose por el pasillo, la muñeca atrás en su mirada incólume. Aún asustado, Pedro se acurruca en su cama, cierra los ojos y está por caer rendido cuando siente otra vez esa mirada. Abre los ojos y ve cómo la muñeca lo está mirando desde la distancia, y ahora está entrecerrando los ojos, Pedro ahora se da cuenta, la pesadilla nunca acabará.

A la mañana siguiente, en el desayuno comentan lo sucedido, Don Pedro, su papá, le dice a su esposa Doña Boni que se deshaga de las muñecas que han asustado tanto a sus hijos; resignada ese día regala las muñecas, todas, y sobre todo esa muñeca nefasta que hizo de la infancia de mi amigo un infierno ¿Quieres sentir lo que sentía Pedro cuando esa muñeca lo veía? Ven, lee y anda Guanajuato.