Niño fantasma

HISTOMAGIA

Guanajuato es una ciudad cosmopolita, muchos extranjeros vienen a quedarse a vivir acá un ratito o de repente algunos se quedan a vivir definitivamente. Ellos no escapan a la magia de la ciudad que puede mostrarte la relación que tienes con tus muertos o que, indefectiblemente, siempre te acompañan. Paul, un amigo norteamericano, me narró lo que recientemente le sucedió en su casa por la Presa de la Olla.

Paul me dijo que me contaría cómo es que entiende que nosotros los mexicanos hacemos ofrendas a la muerte, y cómo es que convivimos una vez al año acompañando a nuestros muertos  con las viandas que más les gustaban cuando estaban vivos, es un festejo por saber que están aquí, con nosotros, porque lo que le sucedió, lo explica por sí solo.

Me contó que cuando era muy pequeño, unos cinco años aproximadamente, tuvo un amiguito muy entrañable, ese amigo fue de campamento con su hermano mayor -8 años de edad- a un bosque cerca de una zona muy rocosa. La primera noche en el lugar, los hermanos pelearon por cuestiones desconocidas, por lo que el hermano menor se salió de la casa de campaña y en la oscuridad se fue caminando, caminó y caminó, al poco tiempo, cansadísimo, se quedó profundamente dormido, se acurrucó porque el frío era intenso. Su hermano no se dio cuenta que había salido del campamento hasta la mañana siguiente en que no lo vio en la casa de campaña; de inmediato comenzó la búsqueda. Horas más tarde, se dieron cuenta que el niño estaba muerto al fondo de un despeñadero. Al parecer, el niño, ya cansado se quedó dormido al filo de la barranca y es seguro que, al girar para acomodarse mejor, cayó al abismo y murió de manera trágica. Esta muerte marcó a Paul, pero no tanto como lo que él recuerda le sucedió después.

Me dice que ya dormido sintió la presencia de alguien, abrió los ojos y vio a su amigo de pie a un lado de su cama que se le quedaba viendo de manera intensa, cerró los ojos y se cubrió con las cobijas. Dice que hubo una segunda noche en que sucedió la aparición otra vez, de la misma manera, viéndolo con una mirada que helaba la sangre, esta vez como muy triste de saberse muerto; Paul hizo lo propio: taparse con las cobijas y negar que había pasado. Las siguientes noches ya no vio a su amigo en la recámara, pero unos tres días después, Paul no podía dormir y fue a la recámara de su papá, entró y se quedó inmóvil, sorprendido, porque lo que vio, no lo esperaba: ahí estaba su amigo dormido, acurrucado con su papá, como buscando el calor del cuerpo, como queriendo sentir paz después de su muerte tan horrenda. A la mañana siguiente Paul, les contó a sus padres, pero ellos no le creyeron.

Paul me dice que desde hace mucho tiempo que no hablaba de esto, pero que ahora lo retoma porque precisamente esta semana, una de esas noches, se despertó sintiendo la misma sensación de hace años: que alguien lo observaba y, efectivamente, alguien lo observaba, a los pies de su cama estaba su amigo, el niño de cinco años que murió esperando arrullo y calor, me dice Paul que lo miraba como con desesperación y con una profunda tristeza. Esta vez, el fantasma niño intentó acercarse a Paul, quien por miedo e instinto se hizo hacia atrás, que interpretó la aparición como un rechazo y se esfumó ante sus ojos. Mi amigo de ahora 65 años me dice que de seguro la magia de la ciudad lo llamó, pues a todas las partes del mundo que ha ido y jamás se le han aparecido sus muertos, sólo aquí, y ahora comprende que la convivencia con los difuntos es parte de estar vivo, pero en México es de verdad, pues lamenta que su amiguito quiso estar con él, pero no pudo porque él lo rechazó, a diferencia de los mexicanos que aceptamos a nuestros muertos siempre.

Paul sólo atinó a decirme que ya comprende que nuestros muertos nos acompañan a donde vayamos, siempre están con nosotros, aunque hayan pasado 60 años, ellos te recuerdan te siguen queriendo y te lo hacen saber de cualquier manera.  ¿Te ha pasado? si vienes acá la magia de la ciudad te hará ver a los vivos y a tus muertos. Ven, lee y anda Guanajuato.

Gabriela Bribiesca Acevedo

Profesora universitaria desde 1989. Egresada de la Universidad de Guanajuato como Licenciada en Letras Españolas. Cursó la maestría en Educación, Formación Docente,en la Universidad de la Salle Bajío. Interesada en el relato ficcional que retrata la vida de los guanajuatenses: Histomagia.
El correo para comentarios es: gabriela.bribiesca@gmail.com

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