Ocho al día

El Laberinto

Mientras viajaba el último tramo de mi expedición diaria al trabajo y como parte de una estrategia de autoengaño, principalmente para no ver el reloj, saque el voluminoso tomo empastado de verde que estoy leyendo y cuando llevaba medio párrafo sobre la misteriosa desaparición de una caja llena de guineas de oro una señora, que acababa de sentarse a mi lado me tocó el brazo.

Quitándome un audífono, ya que los libros y la música hacen el combo autista perfecto, voltee con mirada interrogante y me encontré con unos ojos muy verdes y muy pintados, pero sobretodo muy abiertos, que sobre una boca igual de colorida, (menciono esto porque es una hazaña estar tan maquillada tan temprano) me miraban con emoción.

­— ¿Ya conoces el método de lectura rápida?

—Yo, regresando a tierra— creo que no, pero podría ser interesante.

—Es muy sencillo en verdad, se trata de entender las palabras clave y las acciones importantes, por ejemplo, las palabras mango, durazno, caminó, el resto es puro relleno, se repite mucho y quita tiempo.

—Pero leo por diversión, tal vez si fuera una tarea…

—Yo con este método puedo leer hasta ocho libros al día, imagínate todo lo que puedes aprender con eso.

Mientras me imaginaba el agobio de ir brincando como chapulín entre las palabras leyendo miserables escaletas de tramas y lanzando un libro para tomar otro, mi interlocutora desapareció tal como había llegado, es decir por una puerta plegable y bajando escaloncitos, tal vez con una carcajada siniestra que no escuché por los audífonos. No pienso buscar la manera de hacerme, si es que existe, de tal habilidad lectora turbo y aquí les expongo a ustedes, ya que la mujer me abandonó antes de poder articularlas, mis razones.

Leer, como muchas cosas en la vida, es un proceso y como tal se debe disfrutar en la mera acción de llevarlo a cabo, disfrutando todo el contexto, los detalles, la manera en la que está escrito, pues si no daría lo mismo que autor fuese y en realidad las posibilidades de trama son limitadas, lo que es infinito es la manera de decirlas. Todo aquello que ella llamaba relleno es en realidad, lo que hace a un libro único.

Rápido no es sinónimo de bueno, a menos claro que estemos hablando de la señal de internet, por lo tanto pensar que es mejor leer pedazos de ocho libros que paladear uno solo, es igual a decir que es mejor comer sopa instantánea que comida casera simplemente porque lleva menos tiempo o que aún teniendo la mejor comida del mundo nos la comiésemos sin masticar

Finalmente, llevando esto al extremo y dejando la reflexión seria interesante pensar cuantas veces preferimos la cantidad y la velocidad a la calidad y el deleite. Creo que en ningún caso ocho al día nos causarían alegría.

María José Bataller Alvarez
Antropóloga de profesión, lectora intensiva, aficionada a la historia, ajonjolí de muchos moles, antojadiza estacionaria y flaneur involuntaria, hace malabares con todas sus pasiones y obsesiones con el propósito de lograr escribir algo aceptablemente coherente a lo que llamamos laberinto, que ya está viviendo su cuarto año de existencia. El correo para comentarios es: correodechepa@hotmail.com Le encanta responder puntualmente su correo electrónico en el cual recibe gustosa dudas comentarios, sugerencias y lo que sea la voluntad de los remitentes. Prueben con correodechepa@hotmail.com
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