Película Sexenal

Ecos de Mi Onda

El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente.

Lord Acton (1834-1902) Historiador y político inglés.

 

¡Silencio, luces, cámara, acción!: La Reseña Trágica. No recuerdo bien los detalles de la primera vez que voté en las elecciones presidenciales, pero sí me viene a la memoria que mi papá y yo acudimos a la casilla más cercana a casa en León, los dos orgullosos de cumplir con nuestro deber cívico. El candidato por la aplanadora del PRI era Luis Echeverría Álvarez, destapado en 1969 por el entonces presidente de la República, Lic. Gustavo Díaz Ordaz, quien terminaba su sexenio manchado por los acontecimientos sociales y políticos que tuvieron clímax el 2 de octubre de 1968, con la matanza de Tlatelolco, que el presidente refería simplemente como revuelta de sediciosos comunistas, que tenía que aplastar con todo el peso de la ley, y por tanto asumía la responsabilidad de los hechos sangrientos ocurridos sólo unos días antes del inicio de las Olimpiadas de México 68, e incluso afirmaba que bajo las mismas circunstancias, lo volvería a hacer. Echeverría, quien utilizó como lema de campaña la frase Arriba y Adelante, resultó ganador con el 83% de los votos, el rival por el PAN, Efraín González Morfín, quedó muy atrás con el 14%.

Echeverría siempre trató de desligarse de los crímenes del 68 fingiendo demencia, lo que no era posible por el puesto gubernamental que por entonces ocupaba; pero la autoinmolación de Díaz Ordaz en el último informe presidencial le cayó como anillo al dedo. Más pronto le fue difícil controlar esa especie de código genético represor y ya en calidad de presidente, manchó esa aparente inocencia aplacando con brutalidad la manifestación estudiantil del 10 de junio de 1971, día de Corpus Christi, apoyado por un grupo paramilitar denominado Los Halcones, acción conocida como El Halconazo, o La Matanza del Jueves de Corpus.

En lo económico la situación de México nunca ha sido de bonanza, sin embargo, Díaz Ordaz no heredó un estado de marcada crisis financiera y su Secretario de Gobernación, ungido presidente por abrumadora mayoría y con el disfraz de estadista de izquierda, tuvo recursos suficientes para identificarse posteriormente como el presidente viajero, que se daba el lujo de llevar comitivas numerosas y diversas, con el fin de promover a México, malgastando los fondos del erario al grado de triplicar la deuda externa de México y provocar la descomunal devaluación del peso frente al dólar, que de $12.50 pasó a $25.00 por dólar.

Echeverría destapó a su amigo y Secretario de Hacienda José López Portillo como candidato priista a las elecciones del 1976, proyectando gran seguridad con su lema La Solución Somos Todos, tanta que ni el PAN registró candidato en esa ocasión, ganando así con el 92% de los votos. Con una política todavía maquillada de socialismo, el sexenio desbordaba entusiasmo debido a los ingresos petroleros, asegurando que tendríamos que acostumbrarnos a administrar la abundancia. En la parte final del sexenio la caída fue estrepitosa, la abundancia no resistió los embates de la corrupción excéntrica lopezportillista, con resultados económicos lamentables para el país, inflación, una devaluación del peso frente al dólar alrededor del ¡400%!, y el incremento de una deuda externa con tintes de impagable. Una frase selló el desprestigio y la burla de la que fue objeto como expresidente… Defenderé el peso como un perro, declaró casi llorando frente a la prensa y bueno, hasta su casa fue bautizada como La colina del perro.

Para 1981, ya en plena crisis, el dedo de López Portillo señaló al Lic. Miguel de la Madrid Hurtado como candidato del PRI, innegable presidente de la nación para el período de 1982 a 1988, si bien la votación bajó notablemente hasta el 68.5%. En segundo lugar quedó el panista Pablo Emilio Madero con el 16% y el 15% restante de los votos repartido entre cinco candidatos de un número de partidos que empezaban a multiplicarse. Su lema de campaña trataba de asear la casa deshonrada y se le ocurrió una frase atrevida y cínica para el evidente contexto corrupto del sistema gubernamental: La Renovación Moral de la Sociedad… ¿de la sociedad?, algo que de ninguna manera cumplió en su gris sexenio, al que se puede añadir, sólo para darle un tono más oscuro, la débil y tardía reacción del gobierno ante la tragedia provocada por el sismo del 19 de septiembre de 1985, así como la devaluación galopante del peso (¡arriba del 3000%!) y la inflación espantosa (¡mayor del 4000%!). En 1987 su dedo titubeante se detuvo en Carlos Salinas de Gortari para sucederlo en la silla, con un PRI sometido a pugnas internas que aceleraron la salida de políticos importantes, en particular del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, quien finalmente compitió contra el PRI como candidato del Frente Democrático Nacional. Salinas de Gortari sumó el 50% de los votos y el Ing. Cárdenas el 31%, pero con un escándalo mayúsculo originado por la supuesta caída del sistema, declarada por el Secretario de Gobernación Manuel Bartlett, árbitro de la contienda electoral sospechosamente fraudulenta.

Con el pueblo mexicano cobrando millones de devaluados pesos, el neoliberal (viraje hacia la derecha) Salinas le puso cosméticos al peso reduciéndole tres ceros, pero logro cierto orden en la economía, gestionando una reducción de la deuda externa, que obligaba al estado a pagar alrededor de ¡14 mil millones de dólares de interés anual!, aunque comprometiendo al país en un inequitativo tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, además de introducir reformas agrarias que, ante los hechos, sólo sirvieron para acelerar el abandono del campo mexicano y de las actividades agrícolas con el aumento de migrantes atraídos por el sueño americano. La solidaridad no funcionó y el final de sexenio le explotó en la cara con el movimiento del EZLN y el crimen de su candidato, el Lic. Luis Donaldo Colosio, volteando a ver al Dr. Ernesto Zedillo para mayor enojo de su amigo Manuel Camacho Solís, quien desde el principio creía tener la candidatura en sus manos. Toda una olla de grillos.

El priista Zedillo hizo una campaña mediocre y el panista Diego Fernández de Ceballos lo vapuleó en los primeros debates, pero luego inexplicablemente frenó los ímpetus y prefirió el papel de comparsa. De esta forma a Zedillo le bastó un claro 48% de los votos para hacerse de la presidencia en el período 1994 – 2000; el apagado Diego logró el 26% y el Ing. Cárdenas en su segunda oportunidad cayó al tercer lugar con el 17%. Las distancias se reducían y el PRI perdía impulso. Zedillo fue recibido con el llamado error de diciembre, grave crisis económica que sólo fue solucionada por la inyección de recursos por parte del presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton. Sin embargo, logró rescatar la nave y finalmente equilibrar la economía nacional con sus políticas neoliberales. No convencido por el dedazo, designó a Francisco Labastida Ochoa como candidato priista, pero sin apoyo firme, consciente de la crisis que se vivía al interior de un PRI proclive a la corrupción, que lo degradaba como partido político.

De esta forma fue como en las elecciones del 2000, el panista Vicente Fox Quesada logró sacar de los Pinos al PRI, después de más de setenta años. Si bien su lema rezaba, México YA, El cambio que a ti te conviene, la situación en el país no cambió en lo sustancial, si bien cabe señalar que el sexenio transcurrió esta vez sin crisis financiera y las cuentas entregadas fueron de una economía ordenada, con bajos índices de inflación, el peso mexicano estable, la creación del seguro popular y por primera vez en la historia, un saldo positivo en las reservas federales. Sin embargo, no se puede hablar de un desarrollo económico y social sostenido que haya reducido los niveles de pobreza y marginación, ni de mejoras con respecto a justicia y equilibrio en el tejido social. Sin el sistema priista del dedazo para la designar al candidato presidencial, el PAN nombró a Felipe Calderón Hinojosa como candidato a la presidencia de la República para el período del 2006 al 2012, a pesar de no ser del agrado del presidente Fox.

Felipe Calderón, quien cambió su lema de campaña por tres ocasiones, dejándolo finalmente en la frase Para que Vivamos Mejor, ganó las elecciones del 2006 por muy escaso margen, 35.91 contra 35.29%, sobre un Andrés Manuel López Obrador que no aceptó los resultados y se autonombró Presidente Legítimo de México, promoviendo un plantón que bloqueó el Paseo de la Reforma por 48 días y que desquició a la ciudad de México. Sin blindaje estructural Roberto Madrazo del PRI, cayó hasta el tercer lugar con el 22% de los votos. Se dio continuidad a una economía sin sobresaltos, índices bajos de inflación, y peso mexicano estable. Sin embargo, no se cumplió con el lema de vivir mejor, pues la guerra contra el narco elevó los índices de criminalidad por los cielos y la inseguridad fue el sello del sexenio. Entre tanto el PRI recomponía su estructura y designaba a un candidato sui generis, el atractivo de un actor del canal de las estrellas y un cerebro de ideas limitadas, evidenciado a las primeras de cambio con la anécdota de los tres libros que marcaron su vida, Enrique Peña Nieto, pero apuntalado por un generoso flujo de capital con la sospecha de provenir del desvío de fondos públicos, de algunos estados gobernados por el PRI, así como de graves conflictos de interés que lo persiguen hasta la fecha.

Como fuera, Peña Nieto se hizo de la presidencia con el 38.25% de la votación, seguido de López Obrador en su segunda participación, con el 31.6%, sin que esta vez protestara tan enérgicamente como en el 2006. En un sorpresivo pacto político con los partidos de oposición, logró la aprobación de reformas importantes que el mismo PRI había atorado en los dos sexenios anteriores, educativa, energética, telecomunicaciones, hacendaria y financiera, las cuales han servido más como slogans publicitarios que efectivas en su operación, para nuevos desalientos de la sociedad mexicana. Bajo la batuta priísta, de nueva cuenta ha venido creciendo la inflación, la deuda externa y la devaluación del peso frente al dólar. Por otra parte, la llegada de Donald Trump a la presidencia de nuestros vecinos del norte, complican las cosas, con la promesa de la construcción del muro fronterizo y la anulación del tratado de libre comercio. Ahora nuevamente el dedo índice apunta en cierta dirección aún no definida y el famoso tapado tal vez ya se esté moviendo en su estrategia, y va a requerir una buena inyección de dinero, provenga de donde provenga, para convencer a los votantes. Poco importa el planteamiento de un proyecto de estado dirigido a resolver los graves problemas que aquejan a México, lo realmente importante es hacerse del poder, para beneplácito de la estúpidamente insensible clase política mexicana.

¡Silencio, luces, cámara, acción! Se está grabando la continuación de la película sexenal y el argumento se basa en la Reseña Trágica, y así será en tanto no se genere la masa crítica, esa cantidad mínima de individuos con talento, capacidad de convocatoria y energía propia, que asuman la responsabilidad del verdadero cambio, que lleve a este gran país, al nivel de desarrollo que merece.

Juan José Guzmán Andrade

Jubilado del Centro de Investigaciones en Química Inorgánica de la Universidad de Guanajuato. Afición desencadenada por la lectura y la música. Correo electrónico para comentarios: guzmandra@hotmail.com

Deja un comentario

veinte − Ocho =

94 − = 88

INICIO