Sobre la Levedad del Ser

Ecos de Mi Onda

Repetir cosas ya dichas y hacer creer a las gentes que las leen por primera vez.

En esto consiste el arte de escribir.

Odysséas Elýtis (1911-1996) Poeta griego.

En una conferencia escuché el término lector ideal, y entonces traté de abundar sobre esto, para saber a qué atenerme como lector ordinario. Encontré que Humberto Eco al hablar del par emisor-receptor, juzga que el receptor está comprometido a darle sentido al texto, cooperando activa y conscientemente para hacerlo funcionar. Por su parte, el escritor argentino Alberto Manguel, enuncia algunas características del lector ideal: analiza, dialoga, recrea, asocia, comparte, sintetiza. Es también subversivo, no le importan las estadísticas, y usa frecuentemente el diccionario, el mapamundi, viaja en el tiempo, cambia de edad. Pero finalmente expresa: ¡Muy bien por los lectores ideales! pero la literatura depende más de simples lectores que sientan el placer de leer. Como lector, esto obviamente me tranquiliza.

Tratando de compartir las experiencias como lector aficionado, aventurado con temeridad en los viajes de textos y autores, me concedo la oportunidad de dialogar sobre la novela La Insoportable Levedad del Ser, escrita en 1984 por entrañable escritor checo Milan Kundera.

Pasando la vista sobre la trama vemos a dos protagonistas centrales, Tomás y Teresa, entrelazados con personajes complejos, Sabina, Franz, Simón y hasta la perra Karenin, moldeando el presente y las tendencias futuras, como nos sucede a todos en la vida. El narrador omnisciente e indiscreto se inmiscuye describiendo vidas y pasiones latentes, pero enfoca especialmente las circunstancias de las decisiones y alternativas: si en lugar de esto hubiera hecho esto otro. Hurga al interior de los personajes y busca la razón de sus decisiones, levedad o carga, y sus efectos irreversibles, pues en la vida no hay ensayos para prever los resultados: lo hecho, hecho está.

Si nos centramos en la relación Tomás–Teresa, eje de la trama, encontramos a un Tomás, médico cirujano, inquieto ante la situación de aceptar que ama a Teresa y se construye la metáfora de que ella llegó a su vida como una criatura abandonada en una cesta, río abajo, y la tiene que acoger amorosamente. Hombre de numerosas aventuras amorosas, aplica la norma de nunca quedarse a dormir con la mujer a la que le hizo el amor y por tanto le resulta muy significativo que tras la intimidad con Teresa, de manera natural duerme con ella estrechándole las manos. Cree firmemente que dormir con una mujer significa amarla y que cuando es puro deseo se debe huir del lecho después del acto. Sin embargo, a pesar de amar a Teresa, no puede, ni quiere, dominar su irrefrenable afición por las mujeres, asegurando que eso no representa ninguna amenaza para el amor, ya que las aventuras no significan nada, afirma que el cuerpo es libre y es en el alma donde se guarda el amor. Pero Teresa es insegura y celosa, percibe el amor de Tomás pero también el olor de sus traiciones. Tiene como arma la fidelidad, pero la infidelidad reiterada que sufre le despierta la inquietud de explorar la sensación de abandonar el cuerpo. Para ella esto no significa levedad, la infidelidad es una carga, pero se dispone a llevarla.

La novela se desarrolla en Checoslovaquia, en el marco de la invasión soviética de 1968 que cortó las aspiraciones de democracia y libertad, instaurando un régimen totalitario de comunistas checos desleales. Tomás escribe un breve artículo sobre la complacencia comunista checa en el establecimiento del sistema opresivo, pretextando ignorancia y engaños. Añade, Edipo era ignorante de que mataba a su padre y desposaba a su madre, pero no evadió su culpa y se arrancó los ojos. Por tanto, enfatiza: la ignorancia no excluye la culpabilidad. Creo que con cierta levedad envía el escrito a un semanario independiente, que después de recortarlo, lo publica en la sección de Cartas de los Lectores.

El episodio del artículo queda en el olvido y Tomás, importante cirujano, sigue su vida cotidiana. Bajo las condiciones políticas en Checoslovaquia, va a trabajar a Zurich con Teresa y la perra Karenin, con un buen contrato en la bolsa. Pero los afanes de Casanova continúan y esto finalmente harta a Teresa, quien al poco tiempo se regresa a Praga. Tomás siente alivio y libertad, pero la sensación le dura muy poco tiempo porque comienza a añorarla aceptando que la ama y entonces decide regresar. El director del hospital de Zurich le pregunta los motivos, pero él sólo acierta a contestar, es que así tiene que ser y la brillante oportunidad de éxito profesional se desvanece.

En Praga regresa al empleo que tenía, pero al mismo tiempo aquel olvidado artículo en el seminario independiente resurge amenazador. El director se alarma pues lo estima y debido a su capacidad como cirujano, sabe que el hospital lo necesita. El gobierno checo y pro-soviético le exige una carta retractándose del escrito considerado por ellos ofensivo ¿Qué puede pasar?, sopesa: Si se rinde, los claudicantes, que son muchos en ese estado de terror que se vive en su país, le serán solidarios al compartir la vergüenza de rectificar sus convicciones. Por otra parte, los perseguidos, los que nunca claudicaron, así como aquellos que sin haber enfrentado tal situación presumen de que jamás cederían, le restregarán en la cara su superioridad moral. Así que decide no retractarse y esta decisión le vale ser despedido del hospital, a pesar de las protestas del director, y el sistema político comunista lo castiga enviándolo a una clínica rural, sin equipamiento suficiente para sus labores de cirujano. Al poco tiempo lo visita un comisario que alabando su capacidad le asegura que sería mucho más útil su labor en Praga, pero le filtra la condición, ahora no sólo de retractarse del artículo, sino también de traicionar sus valores. Tal vez la levedad lo regresaría a su puesto, pero se decide por la carga: renuncia y el único trabajo que le queda al importante cirujano es de limpiador de escaparates en Praga.

Los efectos de las decisiones se van desencadenando. Por ese tiempo Teresa concreta su desliz, pero en ese régimen dictatorial sospecha que cayó en una trampa policial para acusarla de prostituta y extorsionar a Tomás. Ahora ambos están desgastados y sienten la necesidad de salir de la ciudad y vivir en el campo, para dejar atrás el pasado. Así lo hacen y Tomás se ocupa como conductor de un camión y Teresa en labores del campo. En ese ambiente ella está tranquila, no hay oportunidad para las infidelidades de Tomás, pero un día observa que recibe una carta que le oculta, explota en celos y se dedica a fastidiarlo. Sin embargo se entera que son cartas de su hijo de un matrimonio de juventud y se avergüenza por lo injusto que ha sido con él en medio de sus tribulaciones. Teresa reflexiona: Tomás regresó de Zurich, sacrificó una brillante oportunidad para estar con ella y desde entonces sólo ha sufrido vejaciones, sacrificó su vocación vital de médico y aceptó salir de la ciudad para perderse en el campo. A pesar de todo le ha demostrado con creces que la lleva en el alma. Tomás está cambiando una llanta del camión y a lo lejos ella lo ve viejo y cansado, ciertamente ahora ya es suyo, pero tuvo que llegar hasta este punto para reconocerlo. Al poco tiempo, ambos mueren en un accidente.

Kundera  convence al lector de que sus personajes están realmente vivos, que no nacieron de una madre, sino de frases sugerentes o situaciones básicas ¿Qué ganó Tomas con escribir un artículo anticomunista, regresar de Suiza y su doble negativa de retractarse? ¿Fue congruente consigo mismo o fue sólo la insoportable levedad? No hay evidencia tangible. Yo prefiero pensar que fue congruente. Tomás vivió la aventura de su vida y si pensamos en un premio para sus sacrificios, de los que fuimos testigos presenciales en la novela, podemos sentir admiración por su valor en esa lucha estéril en apariencia.

No es aventurado buscar similitudes asociadas entre novelas y las diversas situaciones, no es raro encontrar asociaciones de frases sugerentes y conductas comparables en nuestras propias vidas. Los autores concluyen sus obras y la palabra queda escrita en el libro recipiente, las ideas son leídas y se van dispersando por el mundo en el transcurso del tiempo relativo, minutos que resultan años, años que sintetizan en segundos, y así se van forjando miles de historias asociadas que no se escriben en el papel, sino que van siendo grabadas en el libro de la vida misma, pero que luego asoman ofreciendo material para escribir nuevos relatos de verdades y patrañas. Finalmente, la vida es una novela.

Juan José Guzmán Andrade
Jubilado del Centro de Investigaciones en Química Inorgánica de la Universidad de Guanajuato. Afición desencadenada por la lectura y la música. Correo electrónico para comentarios: guzmandra@hotmail.com
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