El Minicuento

Ecos de Mi Onda

Lo inevitable rara vez sucede, es lo inesperado lo que suele ocurrir.

John Maynard Keynes, economista inglés.

 “Se levantó de la cama, se vistió y al final se calzó los zapatos. Salió con prisa y en el camino se le desató una agujeta pero no se detuvo, se le atoró en una alcantarilla y tropezando fue a dar contra la pared golpeándose la cabeza y quedando inconsciente”.

– ¿Qué te parece?

– ¿Qué me parece qué?

–  El cuento

– ¿Cuál cuento, a que te refieres?

– Está bien, tengo que explicarte. Estoy tratando de escribir un minicuento que tenga un alto contenido dramático y me parece que ya lo tengo, es lo que acabo de leerte. Ahora sí, dime ¿Qué te pareció?

– No sé, en primer lugar no puse atención a lo que leíste y en segundo lugar, ya sabes que me gusta mucho la lectura, pero de ahí a entender de literatura me falta buen trecho.

– ¿Pero algo escuchaste, no?

– Si, algo sobre alguien que se cayó en la banqueta.

– Te lo voy a volver a leer, pero por favor pon atención:

“Se levantó de la cama, se vistió y al final se calzó los zapatos. Salió con prisa y en el camino se le desató una agujeta pero no se detuvo, se le atoró en una alcantarilla y tropezando fue a dar contra la pared golpeándose la cabeza y quedando inconsciente”.

– ¿Ya ves? es sobre alguien tonto que se cayó.

– ¿Estás suponiendo que es un hombre? ¿Y qué tal si es una mujer?

– Bueno, hablas de agujetas desabrochadas.

– ¿Y eso qué? Muchas mujeres usan calzado con agujetas… ¡Ese es el chiste! que el cuentito te haga pensar y entonces tú participas elaborando tu propia historia a partir de esta, digamos, base. A ver, has un intento, trata de bordar alrededor del cuento ¡Anda! Vamos a jugar, trata de ampliarlo.

– Vaya que das lata, pero bueno, aquí voy… Mmmm, vamos a ver.

“Eva y Adán se conocieron incidentalmente en un café céntrico en una tarde calurosa de mayo, platicaron de miles de cosas, casi todas triviales al principio, pero la charla se fue haciendo interesante cuando comenzaron a fluir opiniones y pensamientos más personales e íntimos en palabras y frases emanadas de la naciente confianza. Los dos se miraban a los ojos con insistencia y el uno a la otra y la otra al uno se gustaron, se veían hermosos entre sí. Después de varias tazas de café Eva miró el reloj y toda contrariada le dijo a Adán que se le había hecho tarde ¿Tarde para qué? Cuestionó Adán, y ella le respondió que tenía una cita de trabajo pero que ya la había perdido. Le preguntó por las consecuencias y Eva dijo que no importaba, sólo que tendría que volver a León (en la plática Eva ya había hablado acerca de su trabajo y puntualizado que vivía en León) reagendar la cita y regresar a Guanajuato al día siguiente.

 “Ya es tarde Eva, con todo respeto te ofrezco mi casa, vivo cerca del centro y tengo una habitación desocupada, le expresó Adán con el rostro serio y añadió, me gustas mucho Eva pero tenme confianza, mira, no tienes nada que temer, yo creo firmemente que en cosas del amor, los espíritus se deben acoplar antes que los cuerpos. A Eva esa frase le pareció prodigiosa y sintió que podía fiarse de él. Caminaron pausadamente hasta la casa mientras seguían platicando animadamente; se detuvieron por unos momentos en el jardín de la Unión y Eva escuchó atenta la historia del Teatro Juárez, del estilo ecléctico de su arquitectura, de las esculturas de las musas griegas de las ciencias y las artes en lo alto de la fachada. Al llegar a la casa, frente a la puerta, Adán miró a Eva extasiado, luego abrió la puerta invitándola a entrar, mientras Eva sentía un leve estremecimiento.

 “Sentados con comodidad en la pequeña sala a una copa de vino siguió otra y luego ambos experimentaron la confusión de los presagios del enamoramiento, un extraño silencio se instaló en el espacio, pero en el acercamiento se escuchaba la respiración pausada del tanteo y los espíritus trataban de acoplarse a la esencia vibrante, de descifrar las mutuas pretensiones. Era evidente que no se trataba sólo de la conquista en una relación incidental y pasajera, el latido de los corazones estaba ahí para negarlo, ni mucho menos de imponer la fuerza, los valores, signos, símbolos o creencias, pues los dos intentaban sincera y afanosamente hablar y entender la misma lengua. Adán le dijo muy quedito al oído, Eva, la historia miente, tú no me diste de la fruta prohibida, estoy consciente de eso. A continuación se fundieron los metales y en la campana de bronce tañeron al unísono…”

– Espera, espera ¿pero qué carajo te traes? Ahora me estás resultando toda una literata novelera, te pedí una opinión, no que me bordaras esta novelita rosa de dos bobos que se están enamorando.

– No, no, no querido, te equivocas, recuerda que claramente me dijiste que tratara de ampliar tu tonto cuentito creándole una historia siguiendo su base, y es eso mismo lo que estoy haciendo y lo único que estás logrando con tu actitud, que primero fue zalamera para atraer mi atención y que ahora por no sé qué razón es negativa y hasta algo violenta, es cortarme la inspiración cuando ya estoy encarrerada ¿Qué te pasa?

– ¿Mi tonto cuentito? Te está burlando de mí, estás tratando de hacerme parecer como un estúpido utilizando tu palabrería barata con tu… novelita cursi, rosita, como la de esas historietas simplonas que publican en las revistas de mujeres.

– Ahora resulta que eres muy macho para escribir sobre el amor, me parece que en realidad estás hasta emocionado y lo que pasa es que te da coraje que te haya envuelto en suspenso ¿A poco no te dan ganas de saber lo que va a pasar con Eva y Adán? Sí, claro que lo quieres saber, pero tu orgullo de… misógino te impide aceptarlo ¿verdad? Pero ahora te aguantas y me escuchas hasta terminar el cuentito que me dijiste que ampliara.

– A ver pues, de acuerdo, pero espera un momento ¿sí? Antes de continuar tienes que aceptar que todo lo que has venido contado hasta ahora no tiene todavía ninguna relación ¡ninguna! con lo que está escrito en el cuentito.

– Está bien, lo acepto, pero debes tener paciencia, no creas que es sencillo y pues eso es precisamente lo que estoy buscando dándole vueltas en la mente, encontrar la manera de relacionar y ajustar las cosas ¿Me dejas continuar?

“La luz intensa de la luna llena se filtró por la ventana y tras esa noche mágica Adán despertó con ganas de ir al baño, se levantó y quedó absorto observando con admiración el rostro renacentista y la extraordinaria belleza del cuerpo espigado de Eva apenas cobijado por las sábanas blancas, durmiendo serenamente. Tratando de descifrar la situación cayó en la cuenta de que todo había sido como un sueño y hasta se pellizcó para convencerse de que realmente estaba viviendo el momento sublime de sentir un amor que lo embargaba por completo, que lo exaltaba al grado de querer gritar por la ventana como un loco que estaba enamorado de la mujer más hermosa, apasionada e inteligente que jamás había existido sobre la faz de la tierra. Era como si estuviera cautivo de un hechizo y fue a mirarse en el espejo, no era un hombre especialmente agraciado pero tampoco era desagradable, no era conocido por ser simpático y vivaz, pero tampoco era tonto, tenía casa propia, un trabajo seguro, un salario decente y merecía ser feliz, pero siendo tan desconfiado ¿Cómo podía explicarse ese repentino enamoramiento de una mujer tan bella que se había entregado de forma tan espontánea y sin reservas? Agitó la cabeza y él sólo se contestó, es un regalo del cielo.

 “Escuchó a lo lejos el sonido metálico de las campanas de la Basílica dando la hora, dos dobles y cinco sencillos, las  cinco y media, y decidió que era conveniente ducharse para luego preparar sin prisa el desayuno, tomando en cuenta que tenía que impresionar a Eva. Pensó que tenía la obligación de acompañarla a reagendar la cita de trabajo a la que había faltado el día anterior y luego llevarla a la Central Camionera, o quizá hasta León, dudó por un instante, pero tenía imperiosamente que volver a verla. Desnudo sintió correr el agua demasiado caliente por la espalda y la entibió un poco. ¡Ah! Qué deliciosa sensación de desmesurada felicidad lo envolvía por completo.

“Cerró los ojos y la oscuridad se hizo total, el agua fría que un buen samaritano humedecía sobre su cabeza lo hizo reaccionar y recuperó el conocimiento”.

 – Tan-tán y el cuento ha terminado.

– ¿Belleza renacentista?

Juan José Guzmán Andrade
Jubilado del Centro de Investigaciones en Química Inorgánica de la Universidad de Guanajuato. Afición desencadenada por la lectura y la música. Correo electrónico para comentarios: guzmandra@hotmail.com
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