El manual de Carreño” el autor se  dio  a la tarea de reunir y documentar los deberes y reglas de interacción pública y privada de sus tiempos y se convirtió en un referente internacional de la buena educación.

El venezolano Manuel Antonio Carreño escribió en 1853 un manual de buenas maneras para ambos sexos mejor conocido como “El manual de Carreño” en este el autor se  dio  a la tarea de reunir y documentar los deberes y reglas de interacción pública y privada de sus tiempos y se convirtió en un referente internacional de la buena educación.

Visto a la distancia, reglas como el no escupir en el pañuelo, calificado por el autor como “imperdonablemente asqueroso y de mal gusto”,  son observadas por nosotros con extrañeza, pues rara vez se tiene uno, y en muchas ocasiones se cae en la rigidez excesiva, pues las buenas maneras incluyen hasta la postura para comunicarnos con Dios o la manera en la que nos aseamos por la mañana.

Si bien, mucho de esto ya está fuera de época, hay algo que me intriga profundamente y es ¿Qué pensaría el diplomático- pedagogo- músico y hombre de sociedad (todo eso era Don Manuel) si nos viera convivir actualmente?

¿Nuestros malos modales lo harían tirar su monóculo en la copa de champagne y menear la cabeza con desaprobación? (no me consta que usara monóculo pero es un cliché de elegancia) ¿Será, acaso que hemos perdido por completo el respeto al prójimo?

Actualmente interactuamos más que nunca, no sólo de manera física si no de modo virtual, con seguridad debido a lo sobre poblado de nuestras ciudades, tratamos más gente al día de lo que las personas de 1853 trataban en un mes y sin embargo, nuestra interacción va tornándose cada vez mas ríspida y violenta.

Porque no se trata solamente de verse bien controlando el cuerpo y los impulsos, como ya mencionaba Octavio Paz en su definición de pelado, si no de cuidar la comodidad del otro en nuestra presencia y esto es algo que solemos olvidar de muchas maneras.

Por ejemplo, ocupando más espacio del requerido en el transporte, pasando sin piedad hasta delante de la fila, salir mugroso y castigar las narices ajenas en espacios cerrados, hablar a gritos o tirar la basura parecen muestras obvias de esta desconsideración.

Pero hay cosas más sutiles y que todavía no se encuentran muy bien delimitadas, como estar pegado al celular mientras alguien trata de decirte algo, salir intempestivamente a responder una llamada, dar demasiada información de uno mismo o de los demás en redes sociales, en detrimento de la privacidad  y la sensibilidad ajena, o molestar a deshoras en el teléfono y no dejar respirar a los demás, tal vez es menos asqueroso que estornudar con la boca abierta, pero sigue siendo descortés.

Supongo que no se puede tener todo escrito y contemplar toda la gama de posibilidades a la hora de normar, además de que nos convertiría en seres de cartón (aunque reduciría nuestro margen de error) como siempre, el sentido común sale al rescate, no hacer lo que no te gustaría que te hagan, era una sola regla en el manual y nos habría ahorrado mucho papel.