Poner empeño en lograr la paz, va mucho más allá de discursos bien estructurados o frases celebres repetidas millones de veces.

¿Por qué no logramos la paz?, es quizá una de las preguntas sin respuesta en una humanidad que pregona el anhelo aunque sucumbe cuando la inseguridad y el miedo se convierten en una emoción permanente. Desde antes del nacimiento, una madre puede empezar a trabajar la paz para su futuro hijo: lo rodea de música que abone a ese propósito, se abstiene de discutir con su pareja –si la tiene- procura lecturas y conversaciones que refuercen temas como el respeto a la vida, la libertad y la dignidad de la persona, sin desestimar por cierto la igualdad, no discriminación, justicia y equidad social y en general vigencia de los “derechos humanos”. Si tiene la suerte de contar con todo el tiempo y la tranquilidad, seguirá por esta ruta en los primero años de infancia de su crío; pero ¿Cómo evitar que en la escuela le insulten y golpeen solo porque es guapo e inteligente?

Ante esta realidad los padres pueden moverse en diversos grados, entre el extremo de la sobre-protección y el de dejarlo solo para aprender a resolver problemas como evitar que la agresión y ruptura de la paz interior se proyecte hacia la sociedad, como violencia quizá justificable porque es en legítima defensa”. Poner empeño en lograr la paz, va mucho más allá de discursos bien estructurados o frases celebres repetidas millones de veces por seguidores de próceres que dieron su vida para lograr una humanidad que se respete a sí misma[1] Mucho más que en otras épocas y como resultado de la tecnología de la comunicación, se ha difundido la vigencia de antivalores que relativizan y luego anulan todo lo pregonado por agencias para la paz, incluida en estas la ONU, y es en este punto donde se empieza a gestar la corrupción ¿Por qué la generaciones jóvenes suponen que la paz es un anhelo ingenuo o simple retórica al servicio de lo imposible? ¿Cuántas veces hemos permitido que germine en nuestro interior la posibilidad de mirar al otro con amor más allá de sus diferencias? ¿Hemos logrado cosechar una flor de perdón para quien nos ha sometido al  totalitarismo, la violencia social e incluso la agresión personal?

La auténtica paz, no se logra con las armas –lo mismo misiles nucleares que pistolas en casa para defensa- ni el equilibrio de los armamentos con los que cuentan las naciones es un buen cimiento para la construcción de la armonía mundial. La humanidad se engaña y auto-extorsiona, al permitir que la convenzan de una paz sustentada en la destrucción del otro. Con estos argumentos los valores humanos se relativizan; justificar la muerte de inocentes como “daños colaterales” es el mejor ejemplo del daño que puede hacer una frase, que al final del día deriva en terrorismo justificado a su vez con pseudo-argumentos, religiosos, políticos, o comerciales. ¿De que sirve la vigencia de la biblia, la Torá o el Corán, si familias enteras deben huir, soportar la muerte o el sometimiento de algunos de sus miembros –niños y mujeres son los menos favorecidos- y todo tipo de perversiones que en nada abonan a la paz?

El cristianismo recién recordó un evento en el cual los ángeles del cielo desearon paz y buena voluntad para la humanidad, ¿se tendrán presentes estos deseos a lo largo de las campañas electorales que están por venir en todo el mundo? Más allá de los discursos hay una verdad irrefutable, que describe los dos caminos para obtener el poder, una de ellas es la basada en el miedo al castigo ¿Bastará que se diga que no habrá castigo para transitar por una senda de amor? El autor de esta enseñanza advirtió que en el método de ojo por ojo, lograríamos solo una humanidad ciega y que solo el amor nos da la fuerza para tener una conversación seria y honesta con nuestro enemigo ¿Será esa la pretensión de “ya sabes quien”, para terminar con el tráfico de drogas, personas y armas?

En la mayoría de los países democráticos uno de los tres poderes, se dedica  a revisar las leyes para actualizarlas, derogarlas o sustituirlas, según demanda la realidad presente ¿será la indiferencia de los aplicadores de esta reglas lo que lleva a la corrupción? Evitar que lo irracional imponga sus motivos de muerte, empieza por la convicción de cada uno de nosotros acerca del valor de nuestro voto. Llevar a las urnas una emoción vengativa o de anhelo de poder injustificable, puede conducir a los inexpertos a seleccionar personajes impresentables que luego de su buena y simpática cara, nos sorprenden con leyes tendientes a limitar la libertad de expresión, justificando que solo serán vigentes en determinadas épocas y circunstancias.

Si Gandhi no hubiera predicado con el ejemplo poca gente nos referiríamos a él, ¿cuantos pueden avalar sus proyectos con una vida privada simple y ajena a éxitos o riquezas injustificadas? Practicar la paz sin violencia, es quizá el único camino para lograr el tan anhelado cambio en México y en el mundo; erradicar el miedo a la violencia es posible si cada uno de nosotros estamos comprometidos a respetar al otro. No es fácil, supone muchas veces callar ante la agresión del prójimo aun cuando sea verbal; e implica la negativa a crear mentiras o creer las que otros producen.

Si estamos “preparados para morir aunque nunca para asesinar”, como pregonó Gandhi, veremos que la posibilidad de oponernos al dominio autoritario de gobiernos, familiares prepotentes, empresas o acaparadores de riqueza, existe. Asumir esto es el primer paso para erradicar el miedo que genera la anulación de la paz. Esta y la justicia no son sueños imposibles ni mucho menos una utopía, se alcanza cuando cada cual esta dispuesto a luchar por el bien compartido de cada uno de los que somos humanos.

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[1] Mahatma Gandhi: ¿Que diferencia tiene para los muertos, los huérfanos, y los que no tienen casa, si la destrucción del hombre se lleva a cabo en nombre del totalitarismo o el nombre sagrado de la libertad y la democracia?