Demonios que habitan

HISTOMAGIA

Las casas antiguas de Guanajuato guardan secretos que vienen gestándose desde su propia construcción, en verdad es aterrador saber que muchas de ellas guardan espíritus, fantasmas, entes o demonios. Este es el caso de la casa en que creció de pequeña una amiga, la casa está ubicada ahí por el Jardín de El Cantador, en la esquina, enfrente de donde ahora es una tienda departamental.

Me dice ella que, en sus albores, esa casa fue una fábrica de jabones, yo de hecho en otra Histomagia ya había abundado sobre el tema de esa fábrica e informé que las piedras de molienda que están afuera del hotel de abajo del puente de Tepetapa, pertenecían a ella y a la familia de mi amiga, pero por cuestiones del destino, terminaron ahí. Mi amiga me dice que aún en la casa de su mamá está una pila con forma de bowl donde se cocía el jabón y ahora la utilizan como fuente, y me ha contado que los fantasmas y espectros que viven en la casa muchas veces abren la llave del agua para dar cuenta de que habitan ahí y que no los olviden. Pero lo realmente aterrador sucedió una vez en que las hijas de mi amiga se dispusieron a tomar fotos con su celular nuevo, áreas poco transitadas de la casa, las niñas en su inocencia, tomaron todas las posibles, tanto estuvieron con su juguete nuevo, que luego de esa vez se olvidaron del dichoso celular y las fotos. Pasó el tiempo, y cuando ya iban a regalarlo dada la compra de uno nuevo, ella le dijo a su hija que le permitiera ver qué había en la memoria del celular, y ahí sí no hubo poder humano que evitara se diera cuenta de lo que habita en la casa antigua, aún con la muerte reciente de su mami, ellos existen.

Me dice mi amiga que las fotos eran en un principio normales, con luz, dando cuenta de la belleza de esa casa, pero al llegar a las fotos que tomaron del cuarto del final del pasillo y que siempre estaba oscuro, el horror se apoderó de ella: en la oscuridad, iluminada por las tenues luces de los flashes de cada toma, quedaron plasmados los rostros siniestros y a la vez sorprendidos de ser tomados en esa su cueva que habían hecho su guarida ancestral, en el techo, en las paredes, en el suelo, estaban apostados esos seres, los rostros de una jauría de demonios de varias caras, con ojos desorbitados, bocas sangrientas con colmillos horribles quedaron plasmados en las fotografías, parecía ser como el infierno que Dante en su Divina Comedia. De inmediato mi amiga se comunicó a la casa de su mamá para contarles su horrible descubrimiento y decirles que están en peligro, mientras no se haga algo; para ella era imperativo llamar al padre e incluso al Abad para poder liberar la casa de esos seres de bajo astral. El teléfono repicó una y otra vez y nadie contestaba, ni contestó. Ella pensó en decirles después, pero pasó el tiempo y es fecha que no les ha dicho nada, pues piensa que no le creerán. Yo le pregunté si aún quisiera exorcizar el cuarto y la casa completa, ella me dice que no, que mejor se queden las cosas como están, no vaya a ser que se cambien de domicilio y se vayan a vivir a su casa, pues lo que es cierto es que los seres de bajo astral siempre están en la búsqueda de un lugar para crear su escondite, y en casa de su mamá, ahora de sus hermanas, están bien. ¿Quieres conocer ese cuarto, quedarte a dormir ahí para ver si los ves en la oscuridad o se duermen junto a ti? Ven, lee y anda Guanajuato.

Gabriela Bribiesca Acevedo
Profesora universitaria desde 1989. Egresada de la Universidad de Guanajuato como Licenciada en Letras Españolas. Cursó la maestría en Educación, Formación Docente,en la Universidad de la Salle Bajío. Interesada en el relato ficcional que retrata la vida de los guanajuatenses: Histomagia. El correo para comentarios es: gabriela.bribiesca@gmail.com
INICIO