En mis tiempos…

El Laberinto

Hoy tuve una sesión de escuela para padres y un señor, que deseaba dar la clase, me interrumpía con cierta frecuencia con un par de argumentos bastante molestos, que esas cosas no deberían suceder o que en sus tiempos todo era diferente y que a él lo habían educado de otro modo.

En un afán de ser políticamente correcta, apliqué una de las técnicas de asertividad que suelo enseñarle a los niños y que consiste en conceder parcialmente sin contradecir cuando nos enfrentamos con la intransigencia, aunque lo único que deseaba decirle era: señor, el mundo para el que lo educaron ya no existe, en cambio lo que usted dice que no debería estar ahí sigue por más que lo niegue.

Resulta que apelamos a la distancia temporal para ubicarnos en un plano de superioridad moral de difícil cuestionamiento y que tiene mucho de idealización, definitivamente yo no estaba ahí para ver cómo el mundo era mejor en ese entonces o como él mismo era mejor que todos los adolescentes actuales.

Tendemos a olvidar que lo que tenemos hoy, las cosas, los problemas y hasta la forma en que se comportan la gente es resultado de como actuaron las personas del pasado, así que visto desde ese punto el señor es responsable de algún modo de esta realidad que aborrece.

Por otro lado educar como nos educaron a nosotros es como enseñarles a manejar carretas cuando ya existen los autos, no los prepara para lo que en realidad está sucediendo en su entorno y los deja marginados de sus pares y vulnerables ante las amenazas actuales, porque esas por más que pensemos que no los tocarán a ellos o que no deberían estar ahí, son reales y tenemos que aprender a sortearlas.

Aunque no todo es tan desesperanzador, en la sesión después de un rato de platicar sobre todos los peligros de la red, una tímida madre levantó la mano para decir que también se podían hacer cosas productivas con el internet, que hay museos, eventos, recetas e información y que no podíamos privarlos de todas esas ventajas solo porque nos parece que no están listos para lo malo. Doble lección de su aporte: el amor al pasado opaca la percepción del presente y todo implica un riesgo y no por ello dejamos de hacerlo, la señora que no quería dar la clase la terminó dando sin querer.

María José Bataller Alvarez
Antropóloga de profesión, lectora intensiva, aficionada a la historia, ajonjolí de muchos moles, antojadiza estacionaria y flaneur involuntaria, hace malabares con todas sus pasiones y obsesiones con el propósito de lograr escribir algo aceptablemente coherente a lo que llamamos laberinto, que ya está viviendo su cuarto año de existencia. El correo para comentarios es: correodechepa@hotmail.com Le encanta responder puntualmente su correo electrónico en el cual recibe gustosa dudas comentarios, sugerencias y lo que sea la voluntad de los remitentes. Prueben con correodechepa@hotmail.com
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