El problema que se presenta es que a veces, algunos ya no regresan ni a su casa ni a la escuela, y esos jóvenes, quedan en alma y espíritu deambulando por la ciudad…

Guanajuato es una hermosa ciudad enmarcada por la juventud que le dan sus estudiantes que, cada periodo vacacional, se van de regreso a sus casas para ver a sus familias y convivir con ellos dos semanas, para luego regresar y estudiar en la benemérita UG; pero también hay jóvenes trabajadores en la minería o la construcción que, aunque no salgan de vacaciones, a veces, por los riesgos de su trabajo tampoco regresan a sus casas. El problema que se presenta es que a veces, algunos ya no regresan ni a su casa ni a la escuela, y esos jóvenes, quedan en alma y espíritu deambulando por la ciudad…

La semana pasada yo estaba trabajando en la edición de la revista, era uno de esos días en que el cansancio te vence, por lo que decidí dejar una nota para editarla más tarde, dormir un poco, descansar y seguir en la labor que me gusta mucho. Así lo hice. Me quedé al tris profundamente dormida, como a las siete de la noche. De repente, no sé por qué me desperté, abrí los ojos e intenté volver a dormir; en la duerme vela recuerdo que estaba inquieta y no podía conciliar bien a bien el sueño, mi cuarto oscuro tampoco ayudaba mucho para ya poder dormir a mis anchas. En ese acomodarme y reacomodarme en la cama, de repente volteé a ver entre las cajas que tenía en la puerta y veo a un joven, cubierta su cabeza con la capucha de su sudadera, me le quedé viendo y decidí cerrar los ojos y dormirme ya, pero no pude, abrí los ojos otra vez, pues sentía que no estaba sola, y ahí estaba asomándose y me veía, le dije telepáticamente: “Tú no perteneces aquí, vete”, no había terminado de decirle eso cuando al instante se desplaza  una velocidad increíble y está al lado de mi cama viéndome, asustada le repetí que no debería de estar aquí, que se fuera, él, así con esa velocidad increíble, se acerca a la puerta cerrada y me dice: “Ya pues, ya me voy” y ante mis ojos veo cómo atraviesa la puerta, cierro los ojos y a la vez exhalo, pensando que ese ser ya se había ido, abro los ojos y lo veo ahí atrás de la puerta escondiéndose con los brazos arriba, tratando de ocultarse entre mi sacos y blusas, le digo que no, que ya lo vi que se vaya de una vez, que no es de aquí, que no pertenece a mi casa ni a este mundo. Al instante atraviesa la puerta y desaparece, ya no regresó, estuve alerta unos quince minutos pensando de dónde me lo había traído, como subí a la sierra, pensé que se había subido al carro, pero no, lo que sí es lógico es que sea uno de los tantos jóvenes muertos en la carretera –vivo cerca de un boulevard—o de los que mueren en las obras de construcción –al lado de mi casa están construyendo un nuevo centro comercial—y como se sabe en donde hay obras muy grandes en construcción, siempre hay un muertito que “accidentalmente” queda como ofrenda a la tierra por el permiso que da al dejar que se edifiquen nuevas estructuras arquitectónicas. Esos son los que caminan por las calles y se posan en donde se sienten tranquilos y bien, mi casa, a este joven, le resultó agradable, pues tenía curiosidad por mí.

Ojalá ese joven haya encontrado su camino a la luz, al bien morir, ojalá ya esté en paz, en donde sea, pero en paz. Cuando vengas te contaré más historias que pasan en mi casa, ¿quieres conocerla? Ven, lee y anda Guanajuato.