El guardián

HISTOMAGIA

Guanajuato es un tesoro arquitectónico que proyecta su estilo a todo el mundo. Desde siempre su aspecto colonial ha sido como una pausa en el tiempo, no pasa nada, más bien, hay memorias y objetos que se quedan para dar fe de que hubo alguien que decidió contribuir a la suerte de algunos vivos ahora.

Me cuenta mi amiga Victoria que aquí en la ciudad hay personajes de renombre que hicieron su hacienda con tesoros encontrados en las calles, en los templos o en las casas antiguas, así que no es de extrañar los descubrimientos de verdaderas reliquias desde joyas hasta monedas de oro llamados centenarios, pues, como ella me dice, antes no había bancos, por lo que las personas ricas guardaban su dinero en ollas de barro, abajo del colchón o en las mismas construcciones de sus casas, una trabe, una pared, un pozo, una pila.

Ella narra que una de las familias cuevanenses más destacadas de la actualidad, vivían en la pobreza y rentaban una casa atrás de lo que ahora es el Teatro Principal; sin embargo, el dueño tuvo a bien pedirles que la desalojaran porque ya la necesitaba para dejársela a un pariente o algo así. Mortificados por la situación en que se encontraban, no hubo más remedio que mudarse a la buena de Dios, pues casa no tenían.

Ya habían sacado sus pocas pertenencias para mudarse, cuando de pronto el papá le dice a uno de sus hijos que descolgara de la pared los cuadros de sus antepasados, que corriera por ellos, pues no querían quedarse más en esa casa. El joven, obediente, va, y por la prisa, jaló fuertemente el cuadro desprendiendo de la pared el clavo y fue entonces cuando del muro cayeron en tropel muchas monedas de oro llamados centenarios; sorprendido por el hallazgo fue de inmediato a decirle a su padre lo que había encontrado, el padre incrédulo va y ve que, efectivamente, el dinero estaba aún brotando de la pared. Se arrodilló dando gracias al cielo y recogieron uno a uno cada centenario del lugar y se fueron rápidamente de ahí, porque lo que el joven no sabía, era cómo cada noche, desde hacía mucho tiempo, su padre sufría del tormento de ver a un ser descarnado ahí en el cuadro de su antepasado, ese ser le sonreía con los dientes negros y colmillos  brillantes que daban la idea de querer salir del cuadro y morderlo para disfrutar de su sangre y carne humana, tan sólo pensarlo lo hacía estremecer, pero eso ya había acabado, el horror de vivir en esa casa había sido recompensado, ya jamás volvería a sufrir esa atrocidad, pues se dio cuenta que ese espectro le indicaba cada noche la ubicación de una fortuna reservada para ellos.

Se dice que nunca le dijeron al dueño de la casa su descubrimiento, pero la ciudad supo de su fortuna poco tiempo después que comenzaron a comprar casas en el centro de Guanajuato que hoy son restaurantes, antros, o incluso compraron en otros municipios conurbados para, hasta la fecha, invertir ese dinero de su fortuna que han sabido multiplicar.

La verdad es muy común que algunas personas tengan la suerte de encontrar estos tesoros escondidos, no sé a qué se deba, tal vez sufrieron mucho en otra vida o en esta vida, y Dios, el destino o la suerte quieren recompensar ese sufrimiento de generaciones, se rompe un ciclo de horror y desamparo, con la fortuna de encontrar un tesoro de los antiguos escondidos aquí en la ciudad, ¿te gustaría ser de los afortunados? Ven, lee y anda Guanajuato.

Gabriela Bribiesca Acevedo
Profesora universitaria desde 1989. Egresada de la Universidad de Guanajuato como Licenciada en Letras Españolas. Cursó la maestría en Educación, Formación Docente,en la Universidad de la Salle Bajío. Interesada en el relato ficcional que retrata la vida de los guanajuatenses: Histomagia. El correo para comentarios es: gabriela.bribiesca@gmail.com

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