Elecciones 2018 y el Riesgo de Colapso

Ecos de Mi Onda

Debe ser muy grande el placer que proporciona el gobernar, puesto que son tantos los que aspiran a hacerlo.

Voltaire (1694-1778) filósofo francés.

 

Se dice que en las elecciones presidenciales del 2018 la sociedad mexicana aspira seriamente a un fin común: el cambio inevitable. Esto debido a que se siente ya un profundo hartazgo provocado por un sistema político decepcionante, corrupto e ineficiente, revestido de una costra gruesa de autoinmunidad, que ha venido siendo gradualmente construida por el mismo sistema para blindarlo de todo tipo de acusaciones sobre delitos, que aun cuando sean de una evidencia flagrante, son delitos que han venido quedando impunes hasta ahora.

Se pensaría que las opciones que se presentan en el menú político, pudieran dividirse en dos campos confrontados por la forma como se plantea conducir ese cambio con mayor certeza, hacia las mejores expectativas de desarrollo social que nuestro país requiere, ante una tendencia actual por desgracia no muy alejada del colapso.

Por una parte se tiene a quienes consideran que la transformación social puede llevarse a cabo desde la plataforma institucional, frenando la corrupción y vigilando la eficiencia gubernamental, mediante la integración de organismos civiles transparentes, aislados de cualquier tipo de relación con los intereses políticos, frecuentemente asociados tanto a los intereses de oligarquía nacional, como de la delincuencia organizada, para llevar a cabo evaluaciones verosímiles de manera autónoma y con la autonomía y fortaleza suficientes para que sus decisiones, en el caso de la sanción a irregularidades confirmadas, sean acatadas de manera inobjetable. Este posicionamiento tiene muchos seguidores convencidos de que es el camino para transitar hacia el fortalecimiento del estado de derecho, tan debilitado en los últimos años.

No obstante, una situación particular sobre este posicionamiento factible, serio y auténtico, es que resulta alentado por el mismo sistema: partidos políticos, grandes empresarios evasores de impuestos, grupos beneficiados con adjudicaciones y licencias ventajosas generadoras de suculentos moches, e incluso la delincuencia organizada, lo que hace posible sospechar que el sistema se monta sobre esta ola, promoviendo entre telones su puesta en marcha, solamente como una estratagema para ganar tiempo valioso, que le permita reposicionarse y ajustar el rumbo, con el fin de frenar la velocidad de la inminencia del colapso.

Al parecer, la estrategia de esta facción inductora es generar el miedo al cambio, envuelto en la densa y burda retórica de un discurso que proclama que las acciones gubernamentales de los últimos años, incluyendo por supuesto las reformas aprobadas por el Congreso de la Nación, casi desde el principio del presente sexenio, han resultado plenamente afortunadas, de tal suerte que si no continúa el PRI en el poder, se corre el alto riesgo de arruinar todos los avances en perjuicio del desarrollo del país. En este sentido entonces, tanto el PRI como el PAN aliado ahora de manera inconcebible con el PRD, garantizan continuar en esta línea, pero ampliándola ahora con ofrecimientos desproporcionados de tinte populista, en la aplicación de recursos para múltiples fines sociales imposibles de cumplir, lo que resulta paradójico en el sentido de que precisamente tratan de combatir con miedo al populismo que dicen enfrentar.

Con el inmenso poder que el sistema le concede a buena parte de los medios de comunicación para tenerlos de su lado y mediante el manejo discrecional que sólo se logra con dinero, y normalmente con buena parte de recursos mal habidos, se exhibe un mensaje cifrado mostrando que el sistema es capaz de intentar una transformación fascinante en pleno escenario, sin que la gente advierta que los lobos se disfrazaron de inocentes corderos. Después seguir sin que nada cambie en el libreto y convencer a los votantes de que no hace falta modificar las estructuras, de que sólo se requiere un poco de pintura en la fachada, de que no son necesarias las transformaciones profundas que le harían mal al país y que como dice el dicho, es mejor malo por conocido que bueno por conocer.

Las contradicciones son constantes por parte del PRI, PAN y PRD, puesto que al tratar de mostrar que la nación camina y goza de salud, por otra parte y al mismo tiempo, aceptan que Morena ha seducido como el flautista de Hamelín, a una enorme fracción de millones de mexicanos que sienten hartazgo por el funcionamiento gubernamental de los últimos sexenios, con una frustración galopante derivada de un estado situacional que para muchos ciudadanos raya en el terror, con respecto a violencia, inseguridad, insalubridad, falta de oportunidades de educación y empleo, injusticia, inequidad y pobreza extrema. Pero en este marco entonces, en lugar de reconocer abiertamente que existen problemas graves que impiden el desarrollo de México y que gran parte de estos problemas han surgido de acciones de corrupción cobijadas de impunidad hasta de forma cínica, los cuales los gobiernos no han querido o no han podido resolver, la propaganda de sus campañas la dirigen con vehemencia a advertir que el candidato de Morena es un peligro para México.

En el otro bloque de competencia está el partido de Morena, encabezado por el candidato Andrés Manuel López Obrador, quien a través de su participación como candidato a presidente de México por ya en tres ocasiones, ha logrado afinar su estrategia de personificar el descontento popular y señalar como culpable de todos los males de México a la mafia del poder. Resulta comprensible considerar que a la luz de los pobres resultados que en materia de desarrollo social se han tenido en los últimos sexenios, así como del desprestigio de la política nacional en su conjunto, acusada con evidencias de corrupción y hasta de asociaciones delictuosas con el crimen organizado, se plantee la existencia de una mafia del poder, o de un poder amafiado, concentrado más en las tranzas y en la manera de evitar ser descubiertos en el uso ilegítimo del poder público para beneficios particulares de enriquecimiento ilícito, que en atender adecuadamente las funciones públicas correspondientes a un gobierno institucional.

Sólo que para el candidato de Morena es irrebatible que a esa mafia del poder se suman todos aquellos políticos y personajes públicos en general, que no comulgan con sus ideas y que se atreven a objetarlas. Su discurso transcurre en exclamar fogosamente de manera reiterada su honestidad a toda prueba, como elemento suficiente para encarrilar un proceso de progreso social sostenido, puesto que con los enormes recursos que ya no serán desviados hacia actividades de los grupos corruptos, bastará para cimentar la construcción de un nuevo sistema que favorecerá a los más necesitados.

La intención parece noble. Sin embargo, si se ocupa un poco en reflexionarse surgen de inmediato dudas naturales, ya que no parece factible que para luchar contra la corrupción baste con el idealismo de un líder carismático, en tanto se trata de vigilar mediante controles severos una inmensa estructura federal, además de la complejidad para la coordinación del monitoreo de treinta y dos estados de la República Mexicana, con gobiernos de toda la gama de la geometría política, en situaciones de muy diversos tipos de problemáticas. Por otra parte, al ponerse a revisar el equipo de políticos que lo acompañan en esta empresa, la desilusión aflora, pues se trata de aves que a diferencia de lo que López Obrador exclama sobre sí mismo, sí se han manchado el plumaje en el pantano.

El riesgo de un colapso es real, puesto que México requiere con urgencia la reinstalación de un estado de derecho que le brinde seguridad jurídica para erradicar la impunidad endémica, de asear  el funcionamiento de las instituciones y convertirlas en confiables, así como de elaborar un proyecto de nación inteligente con base en un diagnóstico puntual. Los problemas de México son muy serios, ya que a través de los últimos años, el desarrollo se ha basado en la creación de fuentes de trabajo con inversión extranjera, concediendo facilidades y beneficios a las empresas que se instalan a lo largo y ancho de México, en materia de terrenos, flexibilidad ecológica, tributaria, salarial y de capacitación de recursos humanos. Contando además con un sector de comercio ilegal que ha crecido hasta dimensiones impresionantes, soslayado por los sistemas gubernamentales a todos los niveles, en aras de constituirlo en cotos de poder a cambio de apoyo político. Por otra parte se tiene al crimen organizado y su crecimiento desbordado en delitos de diversa índole, desde el narcotráfico de alto nivel introducido en las esferas políticas, hasta la multiplicación de sicarios, secuestradores y jovencitos en labores de narcomenudeo y robo con violencia.

En el caso de las empresas instaladas con inversión extranjera, un análisis incluso superficial nos indica que se trata de empresas de tecnología de segunda tendiente a ser obsoletas en el mediano plazo, sin oportunidad de la participación en el desarrollo científico y tecnológico que se desarrolla en las matrices, induciendo una educación superior dirigida más que a la formación de recursos humanos, a la capacitación de técnicos maquiladores de acuerdo a las demandas del mercado. Sectores industriales alejados de las necesidades del país, en asuntos determinantes, como en la actualización y mejoramiento de las vías de comunicación para el transporte de volúmenes industriales, que en los países desarrollados se realiza a través de vías férreas de alta tecnología, mientras que en México las carreteras se ven invadidas de manera irresponsable por miles de tráileres de doble y hasta de triple remolque, con riesgos cada vez mayores en las carreteras. Alejados también en materia de salarios, en donde un trabajador en los países de  origen pueden llegar a ganar hasta seis o siete veces más por exactamente la realización de las mismas labores por parte de un trabajador nacional.

¿Quién parará esto? ¿Quién será capaz de ponerle orden? La ciudadanía estamos obligados a participar en la vida democrática de México, más allá de ir a votar el día de las elecciones, obligados a iniciar la nucleación de una masa crítica que desarrolle voluntad en un cuerpo con razonamientos, voz, pies y manos. La marcha del país no puede quedar en las decisiones de un líder y sus secuaces, independientes de las capacidades de una sociedad que no puede seguir siendo indiferente.

 Una sociedad indiferente a la función política, crea políticos indiferentes a las funciones de la sociedad.

Juan José Guzmán Andrade
Jubilado del Centro de Investigaciones en Química Inorgánica de la Universidad de Guanajuato. Afición desencadenada por la lectura y la música. Correo electrónico para comentarios: guzmandra@hotmail.com

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