A eso le llamo desapego, confiar lo suficiente en nuestras habilidades y en el impulso de las cosas para dejar que fluyan sin tener que aprisionarlas.

Escribo este laberinto con dolor muscular después de agacharme incontables veces para recoger mis pelotas del piso al intentar hacer malabares con ellas. No es una metáfora en esta ocasión, en realidad necesito un analgésico, pero eso es harina de otro costal.

El malabar, como primera definición, es mantener en el aire sin llegar al piso (por salud abdominal, créanme) uno o más objetos, para esto se necesita primero que nada objetos que lanzar, cierta habilidad motriz y por supuesto una depurada técnica que aún estoy tratando de comprender, pero cuyos rasgos distintivos son el manejo del tiempo, la posición  y el desapego. Muy similar a lo que se hace en la vida cuando intentamos tener trabajo, diversión, pareja, amigos, familia, descanso y beber dos litros de agua al día.

Vamos por partes: primero tenemos que poder retener una pelota en una mano y saber lanzar y atrapar otra sin que la primera se nos caiga, es decir tener algo seguro antes de empezar a intentar siquiera a lanzar otra más; al iniciar la manipulación de dos pelotas, necesitamos saber que la primera debe de tener cierta altura para poder lanzar la segunda y recibir cada una con la mano contraria al mismo tiempo, a esto me refiero con el manejo del tiempo: ir asegurando actividades y brindarles un momento particular y suficiente fuerza a cada una para que no choquen entre sí ni acaben rodando por ahí.

La posición de las bolas es importante, pero la fundamental es la posición que nosotros mantenemos en relación las bolas, se vale moverse un poco para asegurar la recepción, pero movimientos muy bruscos provocarán que se nos caigan las otras bolas intentando alcanzar una, ya sea porque le dimos  demasiado impulso o muy poco. En el caso de objetos y con fines artísticos lo mejor será mantenernos y que si nos movemos las pelotas se muevan con nosotros sin perder su ritmo, pero con vínculos humanos o actividades, puede llegar el momento de decidir cuál queremos rescatar si algo sucede. Cuestión de prioridades.

Por último, como dato curioso cuando estamos moviendo tres pelotas, pues mi teoría aún no llega a un número mayor,  todas están en el aire al mismo tiempo y solo nos toca recibirlas muy velozmente para volverlas a lanzar, a cada una a su manera y continuar con el número. A eso le llamo desapego, confiar lo suficiente en nuestras habilidades y en el impulso de las cosas para dejar que fluyan sin tener que aprisionarlas.

Nos encontraremos seguro con objetos, con personas o con actividades que sean muy frágiles o muy grandes como para andarlas lanzando o alternando con otras y aquí es donde entra la segunda definición de malabar: mantener en equilibrio uno o más objetos, esto es con un lugar fijo donde se apoyan y moviéndonos para compensar la fuerza de gravedad y evitar que caigan. En ambos casos el secreto es moverse, si nos duele hacerlo, como a mí en este momento, es que algo estamos haciendo mal o que aún no estamos acostumbrados. Sigamos practicando.