Una piedra en el zapato

El Laberinto

Va caminando el hombre, pisa las piedritas sin problema, con sus anchas suelas ni siquiera siente su textura ni molestia alguna, un perro se acerca ladrando y él se inclina, toma una del suelo y la lanza para ahuyentarlo. En algún momento con el movimiento un guijarro entró a su zapato y después de dar unos cuantos pasos dolorosos, tuvo que parar, buscar un sitio donde sentarse y descalzarse para deshacerse de ella. Inocente y aburrido relato.

Resulta que si a cada piedra de este camino le agregamos historia, voluntad, necesidades y una serie de interrelaciones con las piedras que tiene alrededor entonces el sujeto que va caminando las puede ignorar si están lejos de su ruta, pisar si problema si quedan en el mismo, utilizar como un arma provisional sin importarle donde cae o que pasa con ella y solo en caso de que le afecte y le moleste fijarse en ella como una entidad individual tan solo para neutralizar la amenaza. Parece un poco más inquietante pensado así.

Ahora pongámonos alternativamente en el lugar del caminante o en el lugar de alguno de los guijarros del camino, nuestra posición entonces como una u otra es relacional, depende de con quién nos estemos midiendo, pero inegablemente estamos en uno de estos papeles y más nos vale no encontrarnos en el menos ventajoso, aunque a veces esto es inevitable. Este laberinto se acaba de meter en tu zapato y  después de que lo saques de él y antes de que lo arrojes, sería momento de echarle un vistazo.

Todos los días aparecen en las noticias personas-guijarros o personas-caminantes  cuya posición se salió de lo normal, porque la normalidad no es noticia, y que ahora atañen al interés público. Hablan entonces de caminantes que le echaron agua a las piedras suponiendo que la necesitaban, de piedras que se han convertido en un dolor de pies para alguien o aparecen volando como proyectiles de unos contra otros, sin importar que pasó antes o que pasó después con ellas, a menos que aterricen en el zapato de alguien o que sean útiles aún para volver a lanzarlas. Las piedras pisadas o ignoradas, que es su papel común, rara vez son observadas por alguien a menos que esté pensando levantarlas como un arma.

Esta es nuestra importancia como ciudadanos promedio en un sistema corrupto e impersonal, somos ignorados como pequeñeces mientras no le sirvamos a nadie o no estorbemos. Solo quisiera recordarles esto ahora, las piedras unidas hacen murallas o escalones o masas más grandes que molestan mejor, solo debemos encontrar el pegamento adecuado.

María José Bataller Alvarez
Antropóloga de profesión, lectora intensiva, aficionada a la historia, ajonjolí de muchos moles, antojadiza estacionaria y flaneur involuntaria, hace malabares con todas sus pasiones y obsesiones con el propósito de lograr escribir algo aceptablemente coherente a lo que llamamos laberinto, que ya está viviendo su cuarto año de existencia. El correo para comentarios es: correodechepa@hotmail.com Le encanta responder puntualmente su correo electrónico en el cual recibe gustosa dudas comentarios, sugerencias y lo que sea la voluntad de los remitentes. Prueben con correodechepa@hotmail.com
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