En la noche de su graduación, decidió llegar sola a su casa en el callejón del Tecolote, pero bueno, eso creyó ella, que iba sola…

En Guanajuato las calles y callejones son espacios que muchos de los turistas recorren para vivir la experiencia de ver y recorrer los cerros que son parte de la geografía de la ciudad, sin embargo, pocos saben que estas vías públicas también las recorren seres de otras dimensiones, fantasmas, espectros y espíritus que tratan de seguir en la mente de los vivos. Los que vivimos en Guanajuato sabemos que cuando la gente pasa por las calles muchas de esas personas ya son espíritus, es decir, ya están muertas, pero a veces, cuando no hay nadie, se nota más esa presencia fantasmal. Rosa, una amiga mía, me ha contado cómo es que recientemente, en la noche de su graduación, decidió llegar sola a su casa en el callejón del Tecolote, pero bueno, eso creyó ella, que iba sola.

Rosa me dice que esa noche de su graduación la había pasado fenomenal con su familia y su nuevo novio, la verdad nunca pensó sentirse tan feliz de haber terminado ya su licenciatura y además estar con sus seres queridos es una sensación increíble. Pero bueno, llegó el momento de irse, su familia y su novio tenían que retirarse a Irapuato porque al otro día trabajaban, su novio quiso acompañarla en la subida del callejón, pero ella no lo quiso, lo importante era que ellos llegaran con bien a su destino. Se despidió de ellos, y a las tres de la mañana, comenzó a subir el callejón del Tecolote recordando la velada extraordinaria que tuvo, incluso se iba sonriendo en la soledad del callejón.

Me dice Rosa que cuando iba subiendo, de pronto escuchó el silencio; si iba subiendo, obvio que la algarabía del centro en estas fechas de graduaciones, se iban quedando atrás, así que de primera instancia supo que era normal ese silencio. De pronto un viento helado se dejó sentir, Rosa con su vestido de gasa, optó por subir más rápido y abrazarse a sí misma herméticamente, trató de caminar mucho más rápido cuando chocó con algo, ella pensó que era un poste, pues el pelo le revoloteaba en la cara y no supo qué había chocado, se quitó el pelo de la cara y entonces vio que no había nada frente a ella, ni un poste, ni gente, ni nada, se dispuso a dar un paso más y sólo sintió que algo frío le prohibía el paso. Extrañada y ahora sí asustada, Rosa se bajó de la banqueta para rodear a lo invisible, dio unos paso y cuál sería su sorpresa que ese ente se puso enfrente de ella otra vez, mi amiga, ya lloraba en silencio, volteó hacia atrás a ver si había alguien subiendo el callejón y no estaba nadie, el viento seguía y movía su pelo, de pronto sintió cómo una mano tibia le agarró su pelo como acariciándolo, Rosa se quedó paralizada y lentamente volteó a ver quién le había tocado así su pelo, volteó y no estaba nada ni nadie, aterrada quiso correr pero una mano de humo le agarró del brazo, ella desesperada miró cómo se desvanecía ante sus ojos esa mano, no podía creerlo, sí había escuchado de leyendas de Guanajuato, pero no pensó que le tocaría una de estas experiencias a ella. De pronto el viento se calmó y todo el silencio de la noche se sintió como oquedad, ella veía con anhelo la puerta de su casa, quería llegar y terminar con todo esto, sin duda la ciudad quería despedirla y de qué forma. En silencio, y poco a poco ella caminó paso a pasito, y cuando pudo dar el primer paso, corrió y ahora nada ni nadie la detuvo, llegó a su puerta, la abrió y se metió a su casa azotando la puerta para cerrarla. Temblorosa, se limpió las lágrimas y se fue a su cuarto a dormir, pensando que se había imaginado lo que le había ocurrido, no era posible. Entró a su cuarto y se miró en el espejo con risa nerviosa, entonces se dio cuenta que todo en verdad había ocurrido: en su pelo tenía algo verdoso fétido como baba, que seguía moviéndose como si hubiera sido la parte de un reptil, horrorizada se lavó el pelo de inmediato, esa cosa, al contacto con el agua, se retorcía como si fuera una víbora, Rosa, ya enojada, le echó jabón para garantizar que ya la dejaran en paz. Rosa supo entonces que lo que dicen de la ciudad es cierto, los vivos y los muertos viven aquí, y andan en libertad por las calle y callejones… ¿quieres recorrer los callejones por la madrugada? a su manera la ciudad te despide, ¿quieres vivirlo? Ven, lee y anda Guanajuato.