Como sociedad debemos estar conscientes de que la impunidad, aunque también se nutre de la corrupción, de la ineficiencia y del miedo público como herramienta de control.

Nos indigna la cantidad de hechos que quedan impunes, como cualquiera puede ser imprudente, abusivo, ladrón, prepotente, tramposo y hasta asesino perjudicando a los demás, burlándose de ellos  y como nunca pasa nada. Pareciera que todos tenemos carta abierta para andar por la vida como una aplanadora, hasta que claro, nos toca ser aplanados.

La justicia, que es buscar la verdad y dar a cada quien lo que corresponde en su definición más básica es lo que se pide ante el agravio y aquello que evade el agresor, aunque aquí es necesario pintar un pequeño matiz, pues si bien evidentemente hay conductas que todos consideramos da alto impacto y graves, como un secuestro o una violación, muchas otras pasan desapercibidas ante nuestros ojos, muy cuidadosos con los pesos pero ciegos a los centavos de los que se forman.

El egoísmo individualista, que tanto abunda en los grupos y las familias, el berrinche injustificado que impone a través del miedo o el agobio su punto de vista sin argumentos, el chantaje que usa las emociones a través de la victimización o la privacidad de los otros para triunfar, el ata navajas que aplica la máxima de dividir para vencer, las mentiras o verdades a medias que hacen a otros caminar hacia el precipicio sin saberlo o la crueldad física o moral que siempre es innecesaria son todas injusticias pues atentan contra la verdad o contra la repartición merecida de las decisiones, de la opinión, del afecto o del poder y suelen quedar, para nuestra desgracia, en total impunidad.

Y así dejamos que los niños crezcan creyendo que imponerse a la mala está bien, que ganar es lo importante sin importar cómo, tratando a los desequilibrados como triunfadores, cuando deberían sobrevenir el vacío, el desprecio, la exclusión de los grupos, la disolución de los acuerdos, así sean nuestros amigos o parientes y aunque nos beneficien sus movimientos, todo esto no con el fin de lastimar, si no de reestablecer el equilibrio y resarcir el daño.

Como sociedad debemos estar conscientes de que la impunidad, aunque también se nutre de la corrupción, de la ineficiencia y del miedo público como herramienta de control, nace desde el momento en el que solapamos a nuestras personas cercanas en sus conductas injustas, sean del tamaño que sean.

Si en la vida cotidiana pesara un kilito más la justicia, esa de todo el tiempo y no de los grandes agravios, algo sí que se moverían las cosas, aunque en un principio fuera solo por conveniencia, pues la justicia es la posibilitadora de todas las virtudes y la impunidad (desplazando con fuerza al ocio) la madre de todos los vicios.