En el año de 1867, se elaboró un “instructivo” de futbol donde se aconsejaba que lo mejor para distinguir a un equipo de otro era que sus uniformes fueran de colores diferentes. Esto se vio por primera vez en un partido entre dos escuelas privadas de Inglaterra, donde lo que diferenciaba a los equipos era el color de sus gorras y las bandas que tenían puestas.

Equipo de futbol de hace más de 160 años (Foto: Especial tomada del sitio web FIFA.com)

Así, para el año de 1870 los colores se convirtieron en un elemento básico del juego y muchos clubes empezaron a adoptar diseños que no cambiaban: utilizaban principalmente el blanco, el rojo y el azul. Un ejemplo es el equipo de Blackburn Rovers, que juega con los mismos colores hasta la fecha.

Después de la Segunda Guerra Mundial se quiso experimentar y se volvió habitual poner un número en la parte de atrás de las playeras para distinguir mejor a los jugadores. En los años ochenta del siglo pasado, se permitió firmar contratos para llevar logotipos de patrocinadores.

En cuanto a la forma del uniforme, al principio la parte de abajo consistía en pantalones, pero con el paso del tiempo se cambió a lo que son hoy en día los shorts para mayor comodidad y flexibilidad

Cuando el futbol se hizo internacional, llegaron mejores materiales y se hicieron diseños más novedosos y cómodos para los uniformes de los jugadores. En los años sesenta y setenta se llevaron a cabo los primeros intentos de comercialización, y para la siguiente década se autorizó la venta.