México ha logrado sólo tres premios: Nobel de la Paz de Alfonso García Robles en 1982, en literatura a Octavio Paz en 1990 y el del químico Mario Molina Henríquez, recibido en 1995

 Los premios son buenos para quien no los espera ni los busca y pésimos para el carácter y la integridad de quien trata de conseguirlos. Para mí provienen de grandes ruedas de tómbolas que giran a mis espaldas y de cuya existencia me acuerdo cuando leo en los diarios el fallo del jurado. 

Adolfo Bioy Casares

 

En el siglo XVIII estalló la Revolución Industrial en la Gran Bretaña, tras un proceso lento que se extendió rápidamente por Europa Occidental y gradualmente por el mundo entero, produciendo transformaciones radicales a través de la tecnología, con repercusiones drásticas en los aspectos económicos y sociales, como no se había vista nunca antes. El crecimiento acentuado de las ciudades por la migración de campesinos, atraídos por el sueño de trabajar en las nuevas y enormes factorías que estaban cimentando las bases del progreso, alimentándose vorazmente de materias primas, que constituían asimismo un vasto mercado laboral para su extracción y procesamiento, tratándose en esta caso de manera particular, de la minería y de la explotación forestal.

La industria requería de las novedosas máquinas de vapor, invento de James Watt, las que a su vez demandaban el combustible energético para su adecuado funcionamiento. Se presentó entonces un descomunal impulso a la industria metalúrgica con los altos hornos y el vómito permanente de hierro fundido, para la fabricación de la maquinaria, herramientas y todo tipo de dispositivos metálicos de la estructura industrial. Pronto la máquina de vapor se adaptó a los trenes y barcos colosales, reduciendo notablemente los tiempos de traslado de personas y mercancías en largas distancias. La explotación de minerales metálicos y de carbón mineral bituminoso precisaba de la excavación de cavidades profundas, además de que la construcción de caminos y vías férreas exigía abrir lomas y túneles en las montañas, buscando las óptimas condiciones de accesibilidad propuestas en los trazos ingenieriles.

En ese estado de grandes expectativas, en el que todo parecía ser rápidamente mejorable, los descubrimientos se daban con fluidez impresionante en aras del llamado progreso, puentes, ferrocarriles y líneas ferroviarias, estructuras urbanas, barcos inmensos, maquinaria y herramientas diversas. El hombre solazándose de un ingenio al que, soberbio, no le ponía límites.

Alfred Bernhard Nobel nació en Estocolmo, Suecia, el 21 de octubre de 1833 y tras vivir con su familia por un tiempo en Rusia, regresó a su país de origen en 1863 ya con una sólida formación científica y técnica, parte de la cual se centraba en el área de los explosivos, que formaban parte de los intereses familiares, en donde prosiguió con sus investigaciones personales. En 1850 había conocido al químico italiano Ascanio Sobrero y seguramente le formuló preguntas sobre el potente explosivo que había desarrollado, la nitroglicerina, que presentaba grandes riesgos para los usuarios debido a su inestabilidad, puesto que detonaba con facilidad debido a movimientos relativamente bruscos, así como por cambios de temperatura. Nobel se puso la meta de estabilizar la nitroglicerina, para reducir los riesgos en el manejo. De esta forma, en 1866 Nobel logró elaborar un explosivo plástico, en el que la nitroglicerina se absorbía en un sólido poroso, que le proporcionaba un mayor grado de estabilidad. Las empresas de Nobel no sólo se enfocaron a los explosivos, que empezaron a utilizarse con altos volúmenes de ventas en demoliciones, minería y rellenos explosivos en proyectiles bélicos, ya que también intervino con éxito en la industria del acero, diversificándolo hacia la fabricación de armas de guerra.

Por desgracia, los riesgos de la dinamita no siempre eran debidamente controlados y se siguieron presentando explosiones accidentales, una de las cuales provocó la muerte de su hermano Emil. Al parecer este hecho, además de la destrucción y muerte ocasionadas por los armamentos bélicos producidos en sus empresas, lo convirtieron en un solitario que no tuvo descendencia familiar, y le generaron además algunos problemas de conciencia. En 1888 murió su hermano Ludvig y se dice que un periódico francés publicó por error que quien había fallecido era él, y que sorprendido había leído el obituario que decía El mercader de la muerte ha muerto. Esto lo perturbó haciéndole pensar en la forma que podría ser recordado una vez que realmente falleciera, lo que sumó también de forma importante en la decisión de invertir la mayor parte de su enorme fortuna, en los premios que ahora llevan su nombre, en particular en el premio dedicado a personas o instituciones comprometidas con encontrar los caminos de la paz.

Alfred Nobel murió en 1896 a la edad de 63 años, dejando indicaciones para el establecimiento de la Fundación Nobel, la cual se creó en 1900, con el objetivo de conceder anualmente premios a personajes destacados por obras realizadas para beneficio de la humanidad, en los campos de la física, química, medicina, así como de la literatura y la paz, ampliándose en 1969 también hacia el campo de la economía.

Por disposiciones del mismo Nobel, la responsabilidad de seleccionar a los ganadores se asignó a un Comité Noruego del Nobel, el cual se instaló por primera vez en 1904, con cinco miembros nombrados por el parlamento noruego, procedimiento que continúa vigente y que no deja de representar un posible sesgo de carácter político en la toma de decisiones. El Comité analiza cientos de nominados de todo el mundo, que se van reduciendo de acuerdo al impacto de las contribuciones, hasta determinar al ganador.

La primera entrega de los Premios Nobel se llevó a cabo en 1901. Los ganadores del Premio Nobel de la Paz fueron Frédéric Passy y Henry Dunant, fundador del Comité Internacional de la Cruz Roja. En el campo de la física el ganador fue Wilhelm Röntgen, por el descubrimiento de los rayos-X. En Química el premio se otorgó a Jacobus van´t Hoff, por su trabajo en la dinámica química. El Nobel de medicina lo ganó Emil Adolf von Behring, por investigaciones sobre antitoxinas para el tratamiento de la difteria. El Premio Nobel de Literatura resultó muy cuestionado, ya que el favorito era León Tolstói, que fue superado por el poeta Sully Prudhomme, considerado un escritor de menor categoría.

De entonces a la fecha, los Premios Nobel se han entregado anualmente, a excepción del período de 1939 a 1943, debido a la Segunda Guerra Mundial. Ciertamente han existido muchas controversias en la asignación de los premios, en particular los concedidos para del campo de la literatura y de la paz, en los que han existido muy frecuentemente opiniones encontradas y premiaciones que a la vista han podido resultar incluso hasta absurdas, como los galardones concedidos al secretario de estado estadounidense Henry Kissinger, por la firma de los Acuerdos de París en 1973, que dieron fin a la guerra de Vietnam, compartido con su par vietnamita Le Duc Tho, quien tuvo la decencia de rechazarlo. Otras premiaciones controvertidas fueron las compartidas por Yasir Arafat, Isaac Rabin y Shimon Peres en 1994, por los esfuerzos por establecer la paz en el Medio Oriente, teniendo de por medio un problema entre Palestina e Israel que no termina por resolverse. En este rubro México está presente en el cuadro de honor con el Premio Nobel de la Paz 1982, concedido al diplomático Alfonso García Robles, que compartió con la diplomática sueca Alva Myrdal, por su trabajo arduo en el seno de las Naciones Unidas en pro del desarme nuclear.

Es interesante observar que la mayor parte de los galardones han sido acaparados por naciones desarrolladas del bloque occidental capitalista, encabezados por los Estados Unidos con 377 premios, Reino Unido con 130, Alemania con 108, Francia con 69 y Suecia con 31. Lo que curiosamente se replica al tratarse del Premio Nobel de la Paz, como si los esfuerzos por establecer esta condición partieran de esta misma ideología. Estados Unidos tiene 20, Reino Unido 12, Francia 9, Suecia 5 y Alemania 4.

En un corte al 2014, sólo dos mujeres han ganado el Nobel de física, por 197 varones premiados. En el campo de la medicina han sido 11 de 207 premiados, en química el número se reduce a 4 de 169 premiados. En Literatura han sido 13 mujeres por 97 hombres y en el Nobel de la Paz 16 por 86. Sin duda se ha tratado de una premiación con marcados tintes machistas hasta la fecha.

Para este año de 2018, ya se tiene el nombramiento de los ganadores. Química: Frances H. Arnold, George P. Smith (Estados Unidos), Gregory P. Winter (Reino Unido), por descubrimientos en el área de la genética. Física: Arthur Ashkin (Estados Unidos), Gérard Mourou (Francia) y Donna Strickland (Canadá) por hallazgos en física láser. Medicina: Donna Strickland (Estados Unidos) y Tasuku Honjo (Japón), por terapias desarrolladas contra el cáncer. La Paz: Denis Mukwegw (Congo) y Nadia Murad (Irak), por esfuerzos canalizados a frenar la violencia sexual como arma de guerra y en conflictos armados. Economía: William Nordhaus y Paul Romer  (Estados Unidos), por abordar métodos que favorecen el crecimiento sostenible, con relación entre economía y clima. Literatura: Suspendido hasta el año próximo, por problemas internos de supuestos abusos sexuales dentro de la misma Academia otorgante.

Hasta la fecha, México ha logrado sólo tres premios, en 1982 el mencionado Nobel de la Paz de Alfonso García Robles, además del premio en literatura otorgado a Octavio Paz en 1990 y el del químico Mario Molina Henríquez, recibido en 1995 por sus investigaciones en la función de los gases clorofluorocarbonados (CFC), en el adelgazamiento de la capa de ozono alrededor de la Tierra.

Es muy importante que en México se promueva con mayor decisión la investigación científica y tecnológica, así como el desarrollo de actividades artísticas en todas las manifestaciones. Sería deseable también que los avances fueran desarrollados en un marco de trabajo en equipo, que independientemente de la posibilidad de lograr premios, fortaleciera en la realidad,  un auténtico progreso económico y social en nuestro querido país. Se vale soñar.