El patronato del primer festival se instaló en ese mismo año, siendo presidente del mismo la actriz Dolores del Río.

Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

Miguel de Cervantes Saavedra

Muchas personas de edad mayor en el mundo, tenemos la tendencia de expresar con frecuencia que todo tiempo pasado fue mejor, lo que pienso yo, es una consideración relativa, pero que tiene por sustento, efectivamente, que quienes así hablamos del pasado nos transportamos a otras condiciones en el entorno, donde el ingrediente básico de que en aquellos ambientes pasados a los que nos referimos, éramos jóvenes, con toda la carga física, emocional y afectiva que acompaña siempre a la juventud. Sería interesante la posibilidad de retornar a esos momentos de convivencia social que recordamos con tanta nostalgia, en esta misma vieja maleta corporal y con este mismo equipaje de ideas tamizadas por el tiempo, que nos han creado ciertas obsesiones y prejuicios tallados en nuestras concepciones y re-concepciones elaboradas en los juegos mentales.

¿Cómo puedo pensar en un balance cervantino, cuando ni tan siquiera abrí el programa del Festival Cervantino de esta XLVI edición? Tal vez hilvanando una serie de ideas sobre algunos contenidos que trataré de subrayar, relacionados con los aspectos múltiples de una festividad de orden internacional que se celebra en el mágico Guanajuato, desde el otoño de 1972. Ya en el primer festival, coordinado por el Departamento de Turismo, el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Secretaria de Relaciones Exteriores, se contó con la participación de catorce países, incluido México, que ofrecieron 118 funciones de todas las manifestaciones artísticas. El patronato del primer festival se instaló en ese mismo año, siendo presidente del mismo la actriz Dolores del Río.

Como estudiante universitario, me tocó vivir los orígenes del Festival Internacional Cervantino. La ciudad bullía excitante, con la atmósfera cosmopolita creada por la presencia de destacados artistas e intelectuales de reconocimiento internacional, paseando con sencillez por las plazas, jardines y callejuelas de Guanajuato. Debo reconocer que no contaba con recursos para asistir a los eventos principales del Festival, vivía en casa de asistencia y el gran apoyo que me brindaba la familia para sostener mis estudios era justo para las necesidades básicas, de tal forma que sólo hacía la selección de las obras de teatro, música y danza, a los que imaginariamente me gustaría asistir. No obstante, al caminar por las tardes nunca faltaba tropezarse con espléndidas manifestaciones culturales obsequiadas generosamente por los artistas callejeros ante un público expectante. Mimos, danzantes, músicos, comediantes, que con sus exhibiciones deleitaban a chicos y grandes en estrecha fraternidad humana generada por el arte que enriquecía el espíritu, la gran fiesta del espíritu cervantino.

La prensa publicaba el programa de los Festivales generando gran interés, puesto que además de la seguridad del alto nivel de calidad de los artistas que se presentaban año con año, el suceso significaba la continuidad de esa fantástica idea, surgida de la escenificación genuinamente guanajuatense de los entremeses cervantinos, dirigidos por el ilustre maestro Enrique Ruelas, fundador del teatro universitario. Todos en la ciudad sabían algunos de los diálogos de los personajes de la Guarda Cuidadosa o del Retablo de las Maravillas, trazados con la maestría del Príncipe de los Ingenios. Todo mundo hablaba del Señor Don Quijote, que como expresaba Rubén Darío era rey de los hidalgos, señor de los tristes; que de fuerza alientas y de ensueños vistes; coronado de áureo yelmo de ilusión. Guanajuato vibraba de emoción al constituirse en un auténtico escaparate y foco cardinal de la cultura universal, teniendo como eje la obra del insigne Don Miguel de Cervantes Saavedra.

Ciertamente era habitual el disfrute de las extensas pláticas sobre los acontecimientos cervantinos, a las que se agregaban los amigos estudiantes de todas las carreras universitarias, en los cafés y en plazas y jardines, y a las que tenían feliz cabida todos los visitantes que, al escuchar los comentarios, trataban de intervenir con sus opiniones y observaciones, generando un ambiente cultural interactivo sumamente sugestivo y enriquecedor. No faltaba luego la copa y caminar atrás de alguna de las dos importantes estudiantinas de la ciudad, creándose la cautivadora atmósfera romántica que seducía a todos los participantes, con esa magia que sólo las noches de Guanajuato producía en aquel entonces,  embriagando a los corazones de sentimientos nobles de felicidad quijotesca.

En estos días, caminando por la plaza Allende, leí tres placas de distintas épocas, la primera fechada en el año de 1978, con una poesía de Don Carlos Cea y Díaz, poeta y cervantista mexicano, dedicada Al pueblo y al gobierno de Guanajuato, hermosa y señorial ciudad de América a la que la cultura de sus hijos ha convertido en el corazón cervantino del continente, y que expresa con emoción viva: Yo también como tú, / solo y errante / camino por el mundo sin destino, / sin hallar en mi paso vacilante / la luz / que en mis tinieblas adivino… / Sin hallar en la cruel desesperanza / que fatiga / mi viaje peregrino, / ni siquiera consuelo en Sancho Panza. / ¡Camino insatisfecho / y anhelante, / sin saber / ni entender / por qué camino! / Pero voy… / Mi mente se recrea / pensando que es verdad lo que imagino.

La segunda tiene escritas las siguientes evocadoras palabras: El pleno municipal de la ciudad de Alcalá de Henares, en virtud de los reconocidos méritos adquiridos por la ciudad histórica de Guanajuato, Capital Cervantina de América, por su dedicación al fomento y la promoción de la universal obra de Don Miguel de Cervantes Saavedra, destacando su cuidado por divulgar los ideales del Quijote, creyendo y afirmando la consolidación del hermanamiento existente entre Alcalá de Henares y Guanajuato, que se fomenta a través de la igual condición de Ciudades Patrimonio de la Humanidad y de manera especial cervantinas, acuerda: Nombrar a la ciudad histórica de Guanajuato como “Cuna Iberoamericana de Cervantes”, 1 de octubre de 2005.

La tercera tiene una escueta frase dedicada Al Festival Internacional Cervantino en sus 40 fecundos años de existencia en favor del arte y de la cultura de Guanajuato, de México y del mundo. 30 de octubre de 2012. Una especie de auto-elogio local otorgado por el Gobierno del Estado de Guanajuato, Presidencia Municipal, Universidad de Guanajuato y CONACULTA.

Guanajuato y esa circunstancia histórica condensada en el interés de los guanajuatenses por no sólo descubrir a Cervantes y su magna obra, sino también de vivirla y gozarla a través de las representaciones teatrales en las plazas fascinantes del Guanajuato colonial, a iniciativa de personajes extraordinarios habitantes de esta noble ciudad, fueron factor germen del Festival Internacional Cervantino, apoyado con el toque bohemio que rubricaba el cautivante ambiente intelectual y cultural. No había infraestructura turística y el gancho era la espontaneidad proverbial guanajuatense con la que se recibía a los visitantes, abriendo generosamente las puertas de la casa, para compartir momentos de un verdadero enriquecimiento del espíritu. Eran los mismos ideales que caracterizaban al Caballero de la Triste Figura, en medio de su lucha permanente contra las injusticias, por mantener una libertad responsable, siempre con la actitud cortés y galante del sentido caballeresco del Hidalgo de la Mancha.

Así pues, en este año 2018 se llevó a cabo la edición número 46 del Festival Internacional Cervantino. Los invitados fueron la India y el estado de Aguascalientes con sus muestras de cultura y tradiciones. El programa se difundió por todos los medios modernos y tradicionales de comunicación. Sin duda hubo espectáculos artísticos de muy alto nivel, tal como ocurre normalmente cada año y considero que no hay discusión si se evalúa como positivo el balance en este aspecto.

Pero ¿qué hay del impacto cultural que se espera sea generado en esta hermosa y señorial ciudad de América a la que la cultura de sus hijos ha convertido en el corazón cervantino del continente?, ¿qué hay de los reconocidos méritos adquiridos por la ciudad histórica de Guanajuato, Capital Cervantina de América, por su dedicación al fomento y la promoción de la universal obra de Don Miguel de Cervantes Saavedra, destacando su cuidado por divulgar los ideales del Quijote?, ¿qué hay de la misión del Festival Internacional Cervantino en favor del arte y de la cultura de Guanajuato, de México y del mundo?

El ruido, el escándalo y la contaminación que acompañan al Festival Cervantino y que se ha convertido en una costra ultrajante, dice lo contrario. Una ciudad inundada de jóvenes atraídos no por el sueño libertario quijotesco, sino por el señuelo del libertinaje promovido por el comercio del alcohol (y de otras sustancias estimulantes) promovido por un grupo de empresarios turístico empeñados en una falsa imagen cervantina y por unas autoridades complacientes, que probablemente se benefician también de esta situación vergonzosa y totalmente alejada del objetivo cervantino del enriquecimiento cultural. Ríos humanos que consumen ríos de alcohol, que luego expulsan corporalmente de forma impúdica en los rincones de los callejones, con una falta absoluta de respeto a esta ciudad Patrimonio CULTURAL de la Humanidad. Es el contrasentido absoluto del Festival Cervantino, de lo que debe representar una Fiesta del Espíritu.

El número de expendios de alcohol crece sin control, la muchachada camina sin rumbo, se detiene ante el sonido de las bocinas de un aparato reproductor y bailan la orgía del sinsentido la música del sinsentido, obnubilados, desorientados por el frenesí del acercamiento sensorial, hasta quedar desvanecidos en las banquetas, auxiliados por aquellos que tratan de guardar un poco de mesura. Los bares, cantinas y discotecas explotan ensordecedoras, sin importarles la falta de consideración y respeto para quienes son sus anfitriones. El presupuesto para la seguridad se incrementa, no por vigilar las funciones artísticas, que no lo necesitan, sino para acotar los riesgos del descontrol violento de la multitud borracha. La basura maloliente se amontona, ya se recogerá después pagando con recursos extraordinarios. El balance del día siguiente habla de la Derrama Económica, beneficio abultado de unos cuantos mercaderes de la incultura.

Inquietar es ya educar, decía el maestro Ruelas, quien tanta falta nos hace en estos momentos, para que con el mismísimo Don Quijote, montado en Rocinante, lucharan contra los molinos de viento, sólo para los auténticos fines del pueblo, su cultura y fortaleza de espíritu. Tercera llamada.

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