Los arqueólogos Carlos Viramontes y Luz María Flores obtienen esta distinción

CULTURA/Guanajuato, Gto., a 03 de noviembre de 2018.- La investigación de los arqueólogos Luz María Flores Morales y Jaime Carlos Viramontes Anzures, llamada La memoria de los ancestros. El arte rupestre de Arroyo Seco obtuvo el Premio a la mejor investigación, haciéndose acreedora al galardón Alfonso Caso que otorga el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Arroyo Seco (Foto: UG)

De acuerdo al comunicado de prensa, la investigación da cuenta del valor arqueológico, historia y trascendencia de este sitio ubicado al noreste de nuestra entidad. Este texto, publicado en 2017, por ediciones la Rana, del Instituto Estatal de la Cultura, fue inscrito al concurso que lanza el INAH año con año, y en esta ocasión resultaron ganadores ambos arqueólogos que han venido trabajando no solo en este sitio, sino en otros que se encuentran dentro del territorio guanajuatense.

El modelo Guanajuato

El proyecto arqueológico de Guanajuato opera bajo un esquema de financiamiento a través del  Fideicomiso de Administración e Inversión para la Realización de las Actividades de Exploración y Conservación de Sitios Arqueológicos en el Estado de Guanajuato FIARCA que tiene como objetivo, constituir un patrimonio autónomo para financiar las actividades de investigación, conservación, promoción, difusión y atención de los sitios arqueológicos en el Estado de Guanajuato, así como para la infraestructura y operación necesaria para la atención al público.

En el año 2001, con la firma del marco de colaboración entre el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Gobierno del Estado de Guanajuato, a través del Instituto Estatal de la Cultura, instrumento que fortalece la coordinación entre los tres órdenes de gobierno para apoyar la investigación, la conservación, la difusión y la preservación del patrimonio arqueológico en el estado de Guanajuato.

En el año de 2008 a propuesta del Gobierno Estatal, inicia un modelo de gestión único en el país, mediante el cual, los ingresos por el pago de servicios, se integran al patrimonio del fideicomiso de administración de los sitios abiertos a público, logrando una sustentabilidad del 50%, cantidad que se destina tanto a la operación como a la investigación y los trabajos de los sitios que aún están en investigación y no han abierto al público. El éxito de este modelo sin duda ha sido la colaboración entre las instituciones: Gobierno Estatal, INAH y los municipios.

Actualmente son varios los estudios que gracias a este modelo de operación y gestión de los sitios arqueológicos, se llevan a cabo en las extensiones del estado de Guanajuato, entre los que destacan, el elaborado por los arqueólogos Carlos Viramontes y Luz María Flores, hoy laureado con el premio Alfonso Caso del INAH.

El premio Alfonso Caso

Alfonso Caso Andrade fue un destacado arqueólogo nacido en la ciudad de México el primero de febrero de 1896. Realizó sus estudios profesionales en la Universidad Nacional de México, donde obtuvo los grados de abogado y de maestro en filosofía. Posteriormente ingresó a la Escuela Nacional de Altos Estudios donde obtuvo el título de arqueólogo en 1925.

Dentro de sus investigaciones arqueológicas sobresalen las exploraciones que realizó en Monte Albán durante la década de los treinta. Alfonso Caso fue un estudioso de los códices, los sistemas religiosos y las estructuras calendáricas prehispánicas, temas de los que dan testimonio obras como Los calendarios prehispánicos y el célebre El pueblo del Sol, editado por primera vez en 1953.

Alfonso Caso contribuyó a la fundación de las instituciones antropológicas más importantes del país y desempeñó importantes cargos en la administración pública tales como la dirección del Museo Nacional de Antropología entre 1930 y 1933.

Años más tarde en 1939, fundó el Instituto Nacional de Antropología e Historia del cual fue director hasta 1944. En 1945 fue rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, año en el que se elaboró la Ley Orgánica que actualmente la rige; además, Caso fue miembro fundador de El Colegio Nacional en 1943 y recibió el Premio Nacional de Ciencias en 1960.

 

Por ello, el premio Alfonso Caso se otorga al mejor trabajo de investigación arqueológica, así como a la mejor tesis de Licenciatura, Maestría y Doctorado desarrolladas en el área de arqueología.

Una mirada a la cuenca del río Victoria

La investigación refiere a la práctica ancestral del arte rupestre perduró durante varios milenios en la región nororiente de Guanajuato y de esa manera la cosmovisión de las sociedades antiguas quedó plasmada en las piedras.

Cada sitio con muestras de arte rupestres es único e irrepetible, por ello su investigación, protección y conservación era una tarea urgente y necesaria. Los arqueólogos Carlos Viramontes y Luz María Flores documentaron en Arroyo Seco 46 conjuntos pictóricos y varios cientos de motivos gráficos, como fruto de una investigación de más de diez años. Los resultados quedaron plasmados en el libro La memoria de los ancestros, publicado por Ediciones La Rana del Instituto Estatal de la Cultura en el año 2017.

Desde los años setenta, varios arqueólogos dieron cuenta de la riqueza de los sitios de manifestaciones rupestres que perduraron en el municipio de Victoria y entre ellos destaca Arroyo Seco, a escasos dos y medio kilómetros de la cabecera municipal.

La arqueóloga Ana María Crespo fue quien observó que la iconografía rupestre que se encontraba en dos elevaciones naturales tenía una temática particular y por ello las identificó como parte de un sitio arqueológico al que denominó Arroyo Seco. Muchos años después, ese sitio abrió al público y fue acompañado de una edición en dos tomos que permite divulgar los resultados del trabajo arqueológico.

Cabe señalar, que gracias al modelo de gestión patrimonial instaurado en Guanajuato fue posible la preservación y protección de Arroyo Seco, así como la difusión impresa de las investigaciones. En este modelo de gestión intervienen los tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal) y ello permite la planeación integral de los sitios abiertos al público.

Los premios INAH

La historia de los Premios INAH se remonta a 1969, cuando el entonces Director General, el Dr. Ignacio Bernal, decide otorgar un reconocimiento a los mejores trabajos de investigación en antropología e historia realizados por dos investigadores mexicanos y dos extranjeros. El galardón lleva por nombre Premio “Fray Bernardino de Sahagún”, en honor al ilustre franciscano considerado precursor de la etnografía moderna por sus agudas observaciones sobre la cultura de los antiguos pobladores del territorio mexicano.

Un año después de su primera emisión los galardones fueron suspendidos durante 15 años y, es hasta 1985, que siendo Director General del Instituto el Dr. Enrique Florescano, se reinstauran los Premios INAH, y desde entonces se han entregado de manera ininterrumpida. Este contexto de fortalecimiento se refleja en la diversidad temática de los galardones, en donde puede reconocerse la amplitud de las disciplinas y áreas de trabajo del Instituto.

Así, desde 1985 los premios anuales cubren la investigación, las tesis de estudios profesionales de licenciatura, maestría y doctorado, los trabajos de rescate, restauración, conservación, protección y difusión del patrimonio arqueológico, urbanístico, y arquitectónico, así como de bienes muebles. Los reconocimientos se otorgan a las diferentes disciplinas y áreas de trabajo de competencia del Instituto, y cada premio lleva el nombre de un destacado personaje que dedicó su obra al desarrollo del conocimiento en sus respectivas ramas.