Desde ese día Alicia sabe que las almas de los muertos también se desubican al salir de su cuerpo, su desorientación, el terror visto en sus ojos, hablan de que no es fácil morir…

Vivir en Guanajuato es vivir un mundo mágico. En estas fechas de Día de muertos ellos salen a convivir con nosotros, la ciudad se viste de fiesta, las flores, el incienso, las calles con tapetes a la muerte, se convierten en el vaivén donde muertos y vivos disfrutan de la fiesta tradicional que reviste de magia todo México.

Aquí en Guanajuato, como pueblo mágico, este año se hacen los honores al sacar a las Momias del Museo y exhibirlas en la calle subterránea para que propios y extraños las acompañaran al salir del silencio sepulcral que han vivido en su muerte desde hace tantos años en el panteón de Santa Paula.

Alicia, una entrañable amiga, me ha contado su historia que le ha pasado recientemente en estas fechas de lirios y visitas al panteón donde vemos los ángeles petrificados observando nuestro andar entre tumbas, entre los sepulcros de nuestros deudos a quienes visitamos cada año. Alicia estaba con su padre limpiando la tumba de su abuelo, cuando su papá le dijo que iba a ir por agua para las flores, ella le dice que ella va, él le dice que no, que él va porque le daba miedo quedarse solo en la tumba de su padre. Alicia le dice que sí, que vaya, que ella se queda limpiando la tumba. Ella sonríe pensando en los miedos de su padre y se agacha a quitar las flores antiguas, cuando se levanta ve con el rabillo del ojo a un hombre atrás de ella, mi amiga voltea a verlo, el señor estaba vestido a la antigua, traje blanco, zapatos negros, barba de candado, pelo blanco, está ahí, incólume y con la cara de asustado al verla a ella, Alicia sólo atina a voltear a la tumba y regresa la mirada de inmediato a saludarlo y el señor ya no estaba. Mi amiga se queda extrañada y sigue con su tarea.

Cuando llega su papá le cuenta lo sucedido, le describe al señor y cómo el se desapareció. Conforme va contando su anécdota, los ojos de su padre se van abriendo poco a poco, y con su cara incrédula le dice a su hija que esa descripción corresponde al hombre que está allá; Alicia voltea buscándola, pero su papá le dice que no está ahí, que no es una persona viva, que es la persona que estaba siendo enterrada a tres filas de la tumba de su abuelo, Alicia voltea y en ese instante se cierra estrepitosamente el ataúd.

Desde ese día Alicia sabe que las almas de los muertos también se desubican al salir de su cuerpo, su desorientación, el terror visto en sus ojos, hablan de que no es fácil morir, ella claramente vio el alma de una persona espantada porque no sabía lo que le estaba pasando, y mi amiga, no tuvo tiempo para ayudarle. ¿Quieres conocerla y que te platique cómo fue? Ven, lee y anda Guanajuato.