La ciudad de Guanajuato es una ciudad incluyente porque en ella vemos cómo es que la tolerancia en los distintos roles de género están presentes. Recientemente viajé a mi casa en un taxi que es conducido por Ana, una mujer trabajadora con dos hijas: Esmeralda y Miroslava. Ella me cuenta cómo es que le ha sido una aventura ser una de las primeras taxistas en esta turística ciudad y las vicisitudes que esto conlleva.

Platicando de lo sobrenatural que les ha ocurrido a los choferes en este trabajo, me cuenta que ella no ha sido la excepción. Dice que un mediodía en que venía de Santa Teresa a Guanajuato, ahí en el puente de la Noche Buena, vio cómo una sombra cruzó rápidamente la carretera, y sintió un golpe en la parte trasera del auto. Le preocupó tanto el quizá haber atropellado a alguien que se orilló para ayudar a la persona, pero no, no había nadie, y el carro no tenía golpe alguno.

Pero Ana me cuenta también que siempre ha estado rodeada de este tipo de experiencias, muy a su pesar. Me dice que a su hija Esmeralda le han sucedido cosas paranormales muy peligrosas porque es un ser de luz que puede percibir realidades alternas y ver seres de otros mundos. Me platica que una vez su hija Miroslava estaba tan enferma que cayó en cama y Ana estaba cuidándola tratando de bajarle la fiebre que la hizo presa, cuando de repente Esmeralda, su hija más pequeña, le dice que ahí estaba un señor, de pie, en una esquina cerca de la cama, que le decía que se iba a llevar a Miroslava, asustada tanto como su hija, Ana le dice a Esmeralda que no hay nadie, que en esa esquina no hay nadie, que no bromee de esa manera. Su pequeña hija le dice que no, que ese señor se quiere acercar a su hermana enferma, que no lo deje.

En otra ocasión, me narra, que una noche de invierno, salió de casa de una conocida ya para descansar en su departamento, iba caminando con las dos niñas esa fría noche, cuando de repente Esmeralda se queda inmóvil, con la mirada fija en un punto, viendo hacia adelante, y negándose a caminar, pues dice que ahí estaba un señor que esperaba que pasaran para poder llevárselas con él, Ana espantadísima, le dice que esperarán a que ese señor se vaya. Pasan cinco minutos y la niña le dice que pueden seguir, que el señor ya se fue.

Ante estas experiencias insólitas de su hija, Ana decide platicar con un sacerdote quien la reconforta y le dice que lleve a la niña para realizarle un exorcismo, ella, incrédula a lo que el padre le pide, acepta para poder rescatar de ese infierno de ver espectros y seres de bajo astral a su pequeña niña. Y así es. Me dice que cuando la llevó a la iglesia y el sacerdote comenzó su trabajo, la niña se asustó, y se aferraba a ella violentamente arañándola en los brazos y en el pecho, sacudiendo la cabeza y haciendo ruidos extraños como de bestia. Ana no creía lo que estaban viviendo, pero en su amor de madre, resistió el proceso de desalojo con tal de que su hija estuviera a salvo y jamás volviera a ver esos seres infernales.

Podríamos decir que estas experiencias vividas por Ana y sus hijas, son de las pocas que ocurren en esta ciudad, pero no te engañes, los seres de bajo astral persiguen a otras almas, están al acecho de poder tenerlas, y esas son historias que aún no se han contado. Ana en su trabajo vive y escucha un sinfín de relatos, ¿quieres subir a su taxi y conocer más historias? Ven, lee y anda Guanajuato.