En lo que sí nos distinguimos de las papas es que nunca estamos por completo echados a perder, tiene remedio

Para todos esos seres nobles que se arriesgan por sacar las papas del fuego.

Hoy tengo la idea recurrente de que las papas, nuestro regalo continental para el resto del mundo, se parecen mucho a los seres humanos, solo necesitan trozos de otras papas, agua y algo de espacio para crecer, además tienen cientos de variedades y dependiendo de en qué parte del mundo estén y de la destreza de quien los guisa pueden transformarse de los modos más inimaginables y deliciosos.

Por desgracia también comparten algunas características negativas: que la maleza no los deja crecer, que puedes creer que una vez cultivadas ya están listas y que de pronto se pongan verdes o se echen a perder, la plaga las destruye y es contagiosa y aunque la sabiduría popular dice que es muy difícil quemar una papa lo cierto es que si la fragmentas primero y la pones en aceite hirviendo, es terriblemente sencillo.

El trabajo de muchos  consiste en esforzarse por que la mayor cantidad de papas sean lo mejor aprovechadas y no terminen por ahí calcinadas, crudas, ahogadas en aceite o indigestando a algún incauto. Éste se divide en tres etapas y si ponemos al terrible aceite hirviendo (nada personal contra las papas fritas, son deliciosas y las amo) como nuestra amenaza central, aunque existen muchas de ellas y personas que trabajan contra todas, las podemos dividir de acuerdo a la proximidad de nuestras papitas al mismo.

Empezamos por la prevención, aún no conocen el aceite, pero viven en una cocina llena del mismo y es muy probable que caigan en él algún día y que incluso ya las hayan cortado para ello. Esta etapa tiene entonces la gracia de evitar la desgracia y la desgracia de no ser tan vistosa como las otras dos, aunque siempre es más barato a nivel económico y humano tapar el pozo antes de que se caiga el niño o volviendo a nuestra metáfora alejarlos del aceite aunque no podamos taparlo ya que quema y además no siempre depende de nosotros.

La segunda parte, llamada intervención, es muy crítica y peligrosa ya que se trata de sacar las papas del aceite caliente, teniendo en cuenta que ya pasaron por un proceso tremendo para llegar hasta ese lugar  o que siempre han estado ahí y consideran que es lo normal. Aquí hay que tener todas las herramientas posibles, guantes, careta, mandil, palas y sujetadores de cosas calientes y aun así podemos salir quemados o encontrarnos con algunas que ahí quieren estar y no hay nada que hacer contra su  voluntad. Por otro lado esta fase suele ser la más reconocida aunque muchas veces nos deja ese mal sabor de no saber qué hacer con ellas una vez fuera o de mostrarles más opciones de cocción que la fritura.

Para quitarnos ese sabor a quemado y cerrar los procesos entonces, existe la tercera fase que es la reinserción o inclusión y que justo se trata de ponerles condimentos a esas papas fritas, exprimirles el exceso de aceite y hacer de ellos algo sabroso de nuevo. Aquí las ayudas siempre serán las opciones junto con la visión.

En lo que sí nos distinguimos de las papas es que nunca estamos por completo echados a perder, tiene remedio y mejor aún aquellos que salen del aceite están fuertes y pueden ayudar mucho a las personas que aún se encuentran en él, enriqueciendo los procesos y agrandando los proyectos. Además al contrario de los tubérculos que cuando están amontonados no crecen nosotros juntos crecemos más y de formas extraordinarias.

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