Vivir en carne propia las historias de aparecidos y fantasmas que hacen leyenda, es sin duda una experiencia aterradora.

Guanajuato es una ciudad que ya ha crecido tanto que la zona sur se ha acoplado con las comunidades que la rodean. Yerbabuena es una comunidad en constante crecimiento, mi casa se ubica prácticamente a un lado del nuevo centro comercial Ámbar que es un desarrollo en pleno corazón de esta comunidad. Los terrenos en los que el fraccionamiento en que se asienta mi casa, fue una zona agrícola cercana a un río abundante en sus ayeres, que desemboca en una presita que aún surte de agua a las pocas ladrilleras que quedan, de hecho, los terraplenes que fungen como cimientos en el caserío, están alejados del suelo mismo, tanto que en su momento me costó trabajo que mis plantas crecieran bien. La zona era solitaria y por lo que ahora es mi calle, era paso de los labradores y de las personas de la comunidad. No alcanzo a comprender, en verdad, cuántas personas vivieron, pasaron y murieron ahí, lo que sí sé, ahora, es que algunos aún viven aquí.

Esta semana pasada, estuve muy enferma de los pulmones, estuve en cama prácticamente de lunes a viernes, mi hijo, Alex, y mi pareja, Hugo, estuvieron pendientes de mí, y en verdad, con sus cuidados, salí avante, una vez más. El caso es que, entre mi trabajo de edición, revisión de actividades de mis alumnos, venta de inmuebles, promoción de los mismos, dormir, descansar, aproveché para ver en la TV programas que, por falta de tiempo, no había podido ver, me dispuse a hacerlo. El jueves por la noche, fue el partido de la liguilla, América-Toluca, en familia nos dispusimos a disfrutarlo en mi cuarto. Al terminar, mi esposo se fue a la tienda, desde mi cama escuché que Alex, mi hijo, le dijo que él se quedaría. Yo cambié de canal, y mi hijo me dijo: “¿No que el futbol?”, yo le contesté: “¡Ay!, déjame ver otra cosa mientras!”, y me dijo: “¡Ay, ajá!”. Me reí y seguí viendo los diversos canales para quedarme con el que más me gustara. De reojo veía que mi hijo transitaba en la sala y cocina, yo seguí viendo la TV.  De rato llega Alex con una bolsa de la tienda y me dice: “¿No que el futbol?”, me río y le digo: “¡Ay!, déjame ver otra cosa!, ¿Ya llegó Hugo?”, y me dice: “Sí yo fui con él, ten lo que trajimos”. Entonces me quedé helada, y les dije que no bromearan que alguien había estado conmigo ahí en la casa, que me había dicho exactamente lo que Alex me acababa de decir, Hugo se ríe y me dice que efectivamente Alex estaba con él. En ese instante sentí que un frío helado recorría mi espalda, abrí desorbitadamente los ojos, sentí mi corazón latir más fuerte, y en automático movía la cabeza negando lo que había pasado; me negaba a aceptar que “algo” o “alquien”  había estado en la casa cuando ellos no estaban, que me habló y me respondió como si fuera mi hijo, que lo vi en su trajín de la sala a la cocina…involuntariamente unas lágrimas salieron, no podía creer lo que me estaba pasando, vi que los rostros de ellos se quedaron serias, me veían preocupados, y creo que fue por el color de mi piel que era casi transparente; mi hijo solo me decía compungido que me calmara que no me preocupara, Hugo quedó pasmado, no podían creerlo tampoco, me dio un poco de pan para el susto. Alex encendió unas veladoras y un incienso para poder limpiar y alejar lo que estuvo en mi casa acompañándome esa noche. No tengo idea de quién estuvo conmigo y me contestó imitando la voz de mi hijo, pero la sensación de terror, angustia y espanto, la llevaré conmigo siempre.

Ya más tranquila, debo reconocer que no sentí una presencia maligna ni me sentí amenazada en ese momento porque tenía la plena convicción de que quien estaba ahí en la casa era mi hijo; sin embargo, estas manifestaciones tipo premonición, me hacen suponer que ese ser que estuvo ahí se quedó para cuidarme mientras ellos estaban fuera. ¿Quién era? no tengo idea, pero sí deseo no verlo ni escucharlo nunca más.  ¿Quieres conocer mi casa? tal vez a ti también te contesten alguna de tus preguntas. Ven, lee y anda Guanajuato.

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