Histomagia

Guanajuato es una ciudad que tiene habitantes de todas partes del mundo; quienes han decidido vivir aquí lo hacen por la magia del lugar y por todo lo que la rodea; estas personas de otros estados hacen su vida profesional aquí, viviendo y sufriendo todo lo que conlleva un lugar que trasciende en el tiempo con historias de fantasmas y de todo tipo de energías que hacen esta ciudad tan sui géneris.

Dante, un sobrino mío, de Guadalajara, Jalisco, se ha quedado a vivir en Guanajuato, me cuenta que le encanta la ciudad, que le fascina estar rodeado de historias que se cubren de la magia y de sucesos extraños rodeados de misticismo, más aún cuando ha sido el protagonista de una de las historias sobrenaturales más impactantes.

Hace mucho tiempo, cuando tenía 7 años, él acompañó a sus tíos a hacer un trabajo de carpintería, una cocina integral en una de las viejas casas en el callejón de Peñitas, cerca del callejón del Beso; Dante, como niño curioso estaba solo jugando en un cuarto contiguo, pero aburrido salió a explorar la casa que era muy grande, caminó y caminó y de pronto se vio en un pasillo angosto que parecía interminable, lo recorría con cierto recelo, él recuerda perfectamente esas puertas de las habitaciones de color café oscuro, casi negras, recuerda que eran muchas, todas estaban cerradas, excepto una. Como niño que era, le llamó la atención, esa puerta abierta, grande, luminosa, decidió entrar y solo estaba ahí un clóset cerrado, se desencantó y decidió salir de ahí de inmediato. Súbitamente una niña se apareció junto a él, le saludaba cortésmente, y le preguntó si le gustaría jugar un juego de mesa; Dante dice que sí, él sólo quería jugar con alguien, la niña saca un juego extraño: era una tabla azul con letras negras y un triángulo de madera, él se pregunta in mente cómo se juega, ella le responde de inmediato, como si leyera sus pensamientos, le dice que ponga sus manos arriba del triangulito, que haga preguntas y esa cosa se mueve solita para responder. Él le dice que le muestre cómo, así la niña pregunta: “¿Alguien está aquí?” y para sorpresa de Dante el triangulito, con las manos de la niña posadas en él, se mueve señalando dos letras: S, I, ella le dice que la respuesta es sí. El niño se anima a jugarlo, pero en el momento que quiere tocar el tablero para jugar, llega uno de sus tíos con una cara adusta y sombría, le dice que se salga de ahí rápidamente, que se venga con él, Dante se queda sorprendido de que su tío no salude a la niña que está con él, se le hizo una falta de respeto, y sale tras de él.

Años después Dante fue a visitar a su tío, quien le narró que cuando era niño, ese día, en esa casa, el dueño le dijo que no lo dejara deambular por ahí, que fuera por él, que era peligroso porque el espíritu de una niña acechaba a quienes la habitaban. Recordando esa ocasión, Dante sonríe y le pregunta que por qué no lo dejó jugar con el tablero con letras, que ese día, en ese cuarto, él estaba jugando con una niña, su tío lo miró extrañado y le dijo: “No Dante, no estabas con nadie, cuando pasé por ti estabas solo en el cuarto, y ese tablero que tú dices es una tabla ouija, una de las muchas formas de comunicarte con los muertos”. Dante no cabe de su sorpresa y sólo se queda pensando, desde entonces, quién habrá sido esa niña tan amable con él. ¿Quieres conocer a Dante para que te dé detalles de ese momento y de muchos otros que ha vivido en esta mística ciudad? Ven, lee y anda Guanajuato.