El Laberinto

Imaginemos un día caluroso, como esos que hemos estado viviendo últimamente gracias al cambio climático y por supuesto, al periodo que nuestros ancestros han tenido a bien llamar “febrero loco”. Ahora pongamos en la ecuación a un grupo de personas acaloradas que contemplan una alberca que por alguna razón indescriptible, que dejo a su elección, no muestra su contenido, esta combinación, nos deja a una serie de personas necesitadas frente a un lugar que se plantea como una solución, pero que a su vez está dotado de una incertidumbre incomoda. Tenemos las piezas para jugar con los escenarios.

El primer caso, muy común por desgracia, las personas deciden quedarse con la duda de la alberca y con su calor, porque finalmente les es conocido y aunque no es el estado ideal no se arriesgan a ahogarse, caer en agua estancada, morir comidos por una criatura extraña o de hipotermia, pero tampoco aprovechan la pequeña posibilidad de estar mejor y resolver sus necesidades.

En una segunda opción uno o más aventureros, visionarios o locos deciden probar en sus cuerpos las condiciones de la alberca en cuestión, porque el ejemplo es la mejor razón que se puede dar para convencer a alguien, ahora aquí el resto o contempla como el contenido maltrata a su avanzada y aprende de ello o los culpa por intentarlo, esto en el caso de que la alberca sea un peligro, aunque cabe la posibilidad de que las aguas sean maravillosas y decidan unirse y de que haya quien ni viendo esto les crea o que creyéndoles lo intente y no sean tan buenas para ellos como para el resto e incluso les perjudique.

En un tercer caso existe alguien que ordena y esta figura puede decidir, sin antes probar, lanzarlos a todos a la ominosa alberca o con conocimiento de causa convencerlos para que lo hagan, con resultados buenos o terribles.

Hasta aquí llegamos con los ejemplos colectivos, en donde se tiene que actuar con responsabilidad en la búsqueda del bien común y no debería haber espacio para la experimentación ciega  pues esta implica lastimar a muchos, sobre todo si nos encontramos en posiciones de liderazgo, aplica para proyectos familiares, organizacionales y hasta de nación.

El plano individual  es muy distinto, una sola persona con calor frente a la misteriosa alberca a la que además le podemos añadir un tobogán, pues aquí si hay lugar para el placer, tiene muchas más posibilidades de acción ya que conoce su capacidad de nadar, de enfrentarse a monstruos o de resistir los golpes y puede actuar de manera experimental buscando sensaciones o disfrutando los momentos, aun sabiendo que puede salir lastimado o que esa alberca esta vacía.

Aquí la responsabilidad aparece solamente en la medida en la que sus elecciones afectan a la colectividad, como cuando  se enoja con alguien que le advirtió y al que no le hizo caso o si tiene el vicio de lanzarse con conocimiento de causa para después exigir ser sobado.

La novedad, quise decir la alberca misteriosa, siempre es atractiva e intimidante y puede presentarse como la respuesta a lo que necesitamos como sociedad o como personas, principalmente cuando buscamos resultados distintos. Pero no ahondamos, y esto fue intencional, en que las circunstancias pueden variar, si en vez de calor cae una nevada una alberca nunca sería la solución y ni siquiera estaríamos pensando en ella.

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