Histomagia

Guanajuato es una de las ciudades cosmopolitas muy famosa en el planeta, es de los lugares más amigables para muchos habitantes de todo el mundo que se han quedado a vivir en la ciudad porque representa la inclusión, la tolerancia, y el respeto por lo multicultural, sin embargo, no siempre fue así.

Me cuenta una de mis alumnas, que ella y su familia son de la Ciudad de México, capitalinos, y que cuando llegaron a residir acá fueron discriminados y atacados por sus vecinas que usaron fuerzas sobrenaturales para poderlos echar del barrio, sacarlos de cuévano, pues siempre, en en la provincia este país, que es el resto que no es la CDMX, antes Distrito Federal, se ha creído que todos los que habitan ahí son “chilangos”. Precisando el significado de este término, ser chilango es el que nace en otra parte y se va a vivir al DF actual CDMX, es decir, chilango es el inmigrante, ese que llega para quedarse, pero no es originario de ahí. Y bueno, me narra mi alumna que desde que llegaron, las vecinas, al saber que eran del entonces DF, en su desconocimiento los llamaron chilangos y en provincia siempre ha existido un dicho discriminatorio en al vox populi: “Haz patria, mata un chilango”, y ellas comenzaron entonces una cruzada de brujería contra ellos: les ponían en la puerta de su casa lodo, sal, sangre, ollas con menjurjes, hechizos malignos, y hasta un letrero con el desafortunado dicho. Me explica que ella, a su corta edad, no comprendía lo sucedido, pero ahora que evoca la situación, se da cuenta de la gravedad de los hechos, pues como su mamá se quedaba sola con ella y su hermanito -dado que su papá se iba a trabajar fueras siempre-, los estragos de la inconformidad de las vecinas se hicieron presentes, pero no en la salud de su mamá, si no en las manifestaciones extrañas que le precedieron al hecho de poner el cartel con el dicho de: “haz patria mata un chilango”.

Las primeras manifestaciones fueron leves, desde sombras que deambulaban por toda la casa, ventanas y puertas que se cerraban violentamente, hasta las cosas que se movían y cambiaban de lugar sin que su mamá las hubiera movido. La vida en la casa ubicada cerca de Los Pastitos, en el callejón de Atarjea, se volvió insoportable cuando los fenómenos paranormales se intensificaron, se comenzaron a escuchar pasos que caminaban en la casa, alguien que arrastraba cadenas, y una bruma que aparecía por todos lados, pese que afuera estuviese soleado. Pero el colmo del horror para su mamá fue el ver entrar por la ventana a un ser extraño.

Me relata que una noche en su casa fría y oscura, casa grande de tres pisos hacia abajo, su mami se encontraba durmiendo al niño en el piso del nivel inferior, mi alumna se encontraba durmiendo en el primer piso cuya ventana daba al callejón. Mientras la señora se mecía en su silla con el niño para poder dormirlo y tuviera un sueño reparador, de pronto escuchó que algo arañaba el vidrio de las ventanas del cuarto de la niña, arriba, pensó que era su imaginación y siguió arrullando al bebé. De pronto, se escuchó mucho más fuerte el rechinido de unas uñas en el vidrio de la ventana, fue entonces que la señora se levantó con su hijo y fue directo a la recámara de la niña, cuando llegó, de inmediato se acostó con ella y junto con su bebé, los abrazó y cubrió con su cuerpo, pues en ese instante, un enorme alebrije colorido y con rasgos infernales, había roto la vidrio y estaba metiéndose por la ventana, ella no daba crédito a lo que veía, sólo atinó a abrazar a sus hijos, y a rezar como esperanzada a que Dios la protegiera de ese ser con ojos enormes, coloridos y con luces de fuego, pero por más que rezaba pareciera que ese ser se sentía más atraído hacia ellos. Desesperada ella trata de guardar silencio, ya no quiere rezar, cierra los ojos en un afán de que eso desapareciera, pero ese ser la hace rezar hasta el punto de que su voz cambió de ser melodiosa y de una mujer de mediana edad a una voz grave que claramente no era su voz. Ella se dio cuenta entonces que ese ser la usaba para rezar, para poder salvarse de la condenación eterna, ella supo que ese ser se metió en su casa a pedir ayuda, y no para atacarla, pese a las maldiciones y hechizos realizados por sus vecinas. Abre los ojos y es entonces que ese alebrije estaba cara a cara con ella viéndola tan cerca que ella no podía respirar, en instantes, el ser se desaparece ante sus ojos, ella no puede más y se desmaya. El frío de la noche la despertó, ve a los niños dormidos plácidamente en sus brazos, adormilada recuerda su sueño son el alebrije, sonríe y voltea a la ventana, todo está como siempre, nada roto, nada fuera de su lugar, sólo una pluma colorida en el piso, ¿de dónde apareció?, ¿quién la pudo dejar ahí?, entonces, abrió los ojos y se dio cuenta que sí había sucedido la visita de ese alebrije que le dejó esa pluma como agradecimiento de sus rezos. Mi alumna cuenta que su mamá no sabía cómo es que nunca progresaron todos los maleficios que le hicieron las vecinas en esos tiempos, pero desde ese momento supo que ese alebrije, que usó su voz para escapar del infierno, la protegió de la maldad y la ignorancia que muchas de las veces causan la perdición de las personas. A la fecha, mi alumna asegura, que jamás su mamá ni ella, volvieron a ese callejón cerca de los pastitos, pero agradecen la protección de ese alebrije. ¿Quieres conocer ese callejón? Ven, lee y anda Guanajuato.