El Laberinto

Me encanta evocar situaciones apocalípticas, es mi naturaleza, pongamos o la pasión por la ciencia ficción o el haber nacido en un lugar caótico y haber caído en otros muchos por azar o por gusto. Pero bueno dejemos de hablar de mí.

Imaginemos que nos encontramos parados sobre un islote sólido y rodeados por un inmenso mar de lava (aprovecho aquí para agradecer al inquieto Popocatépetl por esta imagen) En el mejor de los casos tendremos la compañía  algunos cuantos que hayan sido merecedores de nuestra confianza o que compartan nuestras ideas, pero  es muy probable que estemos completamente solos.

Aunque nuestros pies pisen en firme, sentimos los vaivenes del medio líquido y no solo eso, al aspirar sentimos como algo de fétido azufre se cuela hasta nuestros pulmones, causándonos una sensación como de macro fumador después de un exceso. En resumen el ambiente es tóxico y el medio inestable y peligroso, cualquier movimiento, de la lava o de nosotros podría ser mortal. Y sin embargo queremos vivir y salir airosos de este horrendo escenario.

Este tipo de circunstancias, metafóricamente  para nuestra fortuna… o no tanto, se repiten constantemente desde la escuela cuando nos encontramos con el grupo de abusones cuya pasión es molestar y criticar (odio reconocer que eso nunca termina y que la vida laboral es muchas veces como una secundaria, pero con más poder) en una familia que de pronto se separa en bandos, en el espacio público si nos da por  notar nuestra vulnerabilidad y aterrarnos un poquito y también se da en una escala macro cuando se ponen en el candelero temas que son polémicos por naturaleza, aquí quería llegar, perdonen la vuelta.

Las abuelitas nos dicen que de política, futbol y religión no se debe de hablar y yo integraría un par de ejes más, cualquier tema que cuestione las formas dominantes, como aquellos que critican  el sistema económico, la meritocracia o el machismo, por poner un ejemplo.

Si quieres provocar una erupción Pliniana, que es la más espectacular, violenta y de largo alcance porque se puede mover a varios kilómetros del volcán y  se parece a una explosión nuclear, incluso con la forma de hongo y todo (aunque obvio sin radiación, que Dios no castiga dos veces) solo basta con que un tema cruce dos o más de estos ejes.

Por ejemplo, el aborto es política, religión y machismo al mismo tiempo y no hay manera más inmediata de  obtener una oleada de lava que nos deja a todos mal parados y nos incomoda y nos hace perder la fe en la humanidad, pues pareciera que no hay manera de quedar bien con todos al mismo tiempo y que incluso nos aleja de aquellos a quienes queremos.

En sociedades desiguales además existe la posibilidad de que sin siquiera tocar los ejes se genere esta sensación de desasosiego vulcanológico  por el simple hecho de que los polos opten, aunque sea para seguir siendo distintos entre si, a alienarse en posturas contrarias y pelear sin cuartel por las cosas más insignificantes.

Considero, a reserva de la opinión de los expertos vulcanólogos, que las explosiones son más violentas mientras más tiempo pase para que ocurran, hasta que de plano el volcán (el tema sensible) se enfría y muere.

Una opción es entonces desobedecer a la abuelita y justamente machacar los temas hasta el cansancio, hasta el enfriamiento, hasta que queden desfiladeros de roca volcánica y después probablemente hasta molcajetes o construcciones que la aprovechen.

Mientras eso va pasando no nos vendría mal dejar de convertirnos en lava nosotros separando a las persona de sus opiniones y dejando de propiciar que lo único que nos una sea el odio y no encontremos formas más constructivas de cohesión y organización.