El Laberinto

Para Vero, que nunca irritó

Aunque a algunos adolescentes y a varios adultos les parezca interesante o que los hace lucir más inteligentes o tal vez únicos, la apatía o la falta de participación son de las conductas que más pueden irritar a los extraños o separar a los grupos.

Puede parecerles una perogrullada, más si nos ponemos del lado de los ofendidos, pero no es tan evidente cuando estamos del otro lado, mientras alguien nos tiende un sombrerito en forma de tiburón para bailar una canción infantil y nos  da por pensar en la edad, el  peinado guapetón  y la dignidad durante los segundos que tardamos en extender la mano para aceptarlo o huir entre risas nerviosas, ante el rostro inquisidor del animador de fiestas.

Por si se encuentran en esa situación o en otra similar, como que la comida de la fiesta no les guste, que vivan o paseen en algún lugar más o menos lejano, que  se vean envueltos en un acto religioso cuyas bases no compartan, que se arme la fila de conga con los compañeros de trabajo que odian o que convivan con personas más viejas o jóvenes o más o menos instruidas que ustedes, comencemos por distinguir que tienen en común todas ellas: la diferencia existente entre los  involucrados en lo colectivo y el sujeto que se encuentra indeciso con respecto a su participación.

La diferencia puede ser visible para los otros desde el principio, lo cual puede provocar que se presione más al indeciso o que se le dé el privilegio de la exclusión o puede brincar en el momento justo en el que decimos que no que levanta un muro entre el que se niega y el resto de los presentes que además no puede salvarnos de ser linchados.

Ahora bien, si objetivamente el que se está privando de la oportunidad  de ser parte del grupo es el que no quiere participar ¿De dónde viene entonces que a los demás los irrite o incomode? Las razones en las que pensé, dejando de lado el “es bien mamón” que obvio también tiene su fondo y hasta puede que sea cierto, son las siguientes:

  1. Por desconocimiento de los códigos del resto estamos faltando al respeto a algo importante o menospreciando un esfuerzo considerable.
  2. Si la diferencia implica asimetría estamos descalificando modos alternos de comportamiento por considerarlos inferiores al propio. También existe la variable de querer imponernos.
  3. Nos convertimos en espectadores solamente y esto desnaturaliza las acciones de los demás (como cuando nos damos cuenta de que nos están grabando) o evidencia el ridículo, si todos lo hacen nadie se puede burlar, pero si alguien solo observa tiene la posición propicia para hacerlo.

De entrada se pueden evitar ciertas circunstancias que nos lleven a ese punto de decidir, sobre todo si nuestra participación compromete la dignidad, la salud, la jerarquía o las creencias propias, como no ir a la fiesta si el problema es bailar o llegar después de la misa si es que no rezamos, lo cierto es que, salvo estos casos, integrarnos ya sea de manera prolongada o efímera, es inofensivo, cómodo y en cambio nos puede dejar nuevas maneras de experimentar el mundo y lazos increíbles con los demás. Por si dudaban vean la foto, yo si usé el sombrerito de tiburón y me divertí bastante.  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

1 × 2 =

− 2 = 3