Histomagia

De vez en vez me da por reconocer que en verdad las historias de fantasmas tienen un trasfondo de amor, el amor que tenemos a dejar ir el alma de nuestros difuntos, de dejar ir el amor que les tenemos y que nos hace dependientes de ellos, no estoy tan equivocada y Doña Alicia me lo recuerda cuando habla con tanto amor de su difunto marido que todavía—dice—se recuesta junto a ella en su cama y le quita las cobijas “tiene frío” dice.

La verdad es que creo que la soledad que se vive después de dejar en su tumba a los seres queridos hace que la añoranza sea tal que el espíritu sabe que no lo dejas ir y se queda para poder ayudarte a pasar el mal momento para que no sientas la ausencia de la persona que estaba y que de repente ya no lo está. Una amiga me dice que la vida en Guanajuato no es tan mágica como yo lo he escrito si no que es realmente una vivencia con visiones, es decir, es vivir lo que ves aunque no sea de este mundo o sea del mundo ancestral que todos llevamos dentro y que proyectamos para poder seguir sintiéndonos acompañados y nos sentirnos solos por la falta de esa persona especial que ya no volverás a oír su voz ni a sentirla viva cerca de ti.

Mi amiga me cuenta que la vida que le dio su marido en verdad fue buena, ella me narra como en el mundo de soledades los seres amados se aparecen para dejarte herencias o decirte de los tesoros enterrados, el problema comienza cuando seres del bajo astral se hacen pasar por tus seres queridos y te hacen hacerle favores a otras energías que no ayudan para nada a nuestro entorno espiritual. Una vez ella estaba acostada y dice que recién había muerto su marido en un accidente automovilístico pero que ella esperaba que se fuera a descansar en paz, sin embargo, no fue así. A altas horas de la madrugada ella sintió cómo su finado esposo se deslizaba debajo de las cobijas como buscando su calor, dormitando ella pensó que como tantas otras ocasiones él llegaba tarde de su trabajo, pero de repente se acordó que ya había muerto, entonces se quedó a la expectativa de lo que iba a pasar… sintió de a poco como el cuerpo frío como el hielo se acomodaba en el lugar de siempre, como queriendo recuperar el espacio que ya jamás tendría al menos no en esta dimensión, ella sintió que el peso del cuerpo de su difunto marido era mucho más grande. pues sin duda estremeció la cama por completo. Acto seguido el muerto le dio la espalda y se acostó. Ella temblando de miedo tomó fuerza de su propia humanidad y le dijo: “Felipe, ya estás muerto, no debes de estar aquí asustando a la gente, vete, descansa en paz yo te alcanzaré en cuanto me toque morirme, pero ahora estoy muy asustada no quiero volver a verte por aquí debes de seguir tu camino adonde Dios te lleve”. Dicho esto el muerto se levantó y sin voltear a verla salió de la habitación y ante sus ojos se esfumó como si fuera humo de incienso. Mi amiga dice que lloró amargamente al ver que su esposo no pudo encontrar el camino al cielo, pero si a su casa, era el lugar donde había sido amado de verdad, con el corazón y el alma de esta mujer que sigue esperando el día en que se reunirá con él. Fidelidad eterna, dice ella, fue el hombre de su vida.

No sé cuánto tiempo más le quede de vida a mi amiga, pero lo que si se es que sus relatos están llenos de una añoranza por tenerlo cerca otra vez, pero vivo, no muerto. Cuando vengas te llevo con ella, para que sepas de viva voz su historia. Anímate, ven, lee y anda Guanajuato.