Todología con Maiself

A ¿A qué se refiere con ese titulito tan críptico?

B A una tarea que combina la arqueología lingüística adivinatoria con la imaginación delirante. Es un juego de invención de decires probables con una pátina de historia oral. Lo invito a jugarlo. Sólo necesita lograr permanecer en trance filológico el tiempo suficiente como para que las musas beodas de la paremiología lo empujen a la dimensión del delirio lexical.

A Explíqueme un poco más, y a lo mejor, me aviento.

B Hipotéticamente, es verosímil pensar en la posible existencia pasada de muchos dichos y refranes que perdieron su contexto referencial y los hablantes que les daban vida al usarlos. Tales fósiles paremiológicos sobrevivirían como frases o vocablos semánticamente muertos, cascarones léxicos sin fuentes escritas que permitan entenderlos. Muchos pudieron ser regionalismos.

A ¿Y luego?

B Al toparnos con tales fantasmas semióticos, nuestro entendimiento o se marearía, o se estimularía, asegún el grado de curiosidad epistemofílica de cada cual. Entre más convencional sea nuestra conciencia lingüística, más ininteligibles nos parecerían estos paleodecires, más se constituirían en experiencias – límite de comunicación o, mejor dicho, de incomunicación.

A ¿Podría poner un ejemplo de lo que necesitamos generar?

B A continuación, le presento algunos de estos dichos y refranes enigmáticos, de los cuales ignoro su significado, circunstancia que no obstara para compartir con nuestros lectores este ejercicio de adivinación y degustamiento: ¡ Ya te me agadarnuchaste !. Dar matacuipaches, para que te empaches.Por cualquier enagüa, te engrodoñagas.

A A’í le van unos míos, a ver qué le parecen: Ya no te acuerdas, badafrán, de cuando fuiste comichín. Por ser brulerro, ‘ogaste al perro.Me gusta esa ceredruela, para mi parcela.

B ¡Muy buenos! Van más míos: A hija que rabea, tranca en la puerta. Hombre encodilleado, alegría de caporal. Al abdruil enmarañado, Dios le mide el rastrojo. Quiere pan el chivo y hojasanta el venado.

A Pa’ no quedarme atrás, echo estos cuatro: Guarapo de chinguindillas, aunque se entrupie mi gente. Para mujer rejega, maña de jumil. “¡ Achis! ¡ achis!” , dijo el tecolote en el mezquite. Ese chirudril quiere su marangaderra.

B ¡Ora sí la armamos buena juntos! ¿Ya ve cómo no es tan difícil lanzarse por el tobogán de la imaginación?