“Yo tenía una granja en África…”
 Isak Dinesen

Así inicia el relato autobiográfico Memorias  de África, la novela más célebre de Isak Dinesen, seudónimo de una joven danesa, educada en un medio aristocrático de nombre Karen Blixen, quien se casó con un primo suyo. Ambos compraron un cafetal en Kenya a donde viajaron para terminar tras el divorcio, ella sola con la responsabilidad de explotar la plantación. La fascinación por el entorno salvaje y su relación con los nativos marcó de manera entrañable el relato sobre su estancia en ese continente.

Poemario (Foto: ©Raúl Bravo)

Esta misma fascinación desde otra mirada externa es la que nos comparte el escritor bajacaliforniano Mario Jaime con el libro Poemas africanos, con el que obtuvo en el año 2013 el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta. Libro que de entrada sorprende a los lectores por revelarnos en lugar de un territorio exótico al estilo de la novela danesa, un espacio desolado, saqueado por una pluralidad de intereses ya padecidos en nuestro propio continente y en nuestra lengua, y que poema tras poema nos conduce sin remedio a una escandalosa realidad: la del horror.

Pocas veces en la poesía mexicana un autor ha logrado concretar una galería de imágenes cuyo contenido es de infrecuente violencia (el otro poeta que se me viene en este momento a la memoria es precisamente Efraín Huerta): el apartheid, el asesinato de la doctora Diane Fossey; el dirigente de los escuadrones de la muerte en Sudamérica Dirk Coetzee,  la improbable pero no por ello menos célebre pregunta del explorador y periodista británico Henry Morton Stanley; lo que sucede en una calle de Johannesburgo, todas esta imágenes ejemplifican el ejercicio infatigable y veraz de la práctica y reflexión poéticas:

El león no mutila las manos de los niños
El gorila no usa machetes
El leopardo no sabe cargar una Winchester

La pitón no puede sostener el AK-47
La cebras no tienen policía
Los elefantes no empuñan bazucas

Las mantis no hacen campos de concentración
La tarántula no se inyecta heroína
Los pingüinos no entrenan guerrilleros
El tiburón blanco jamás ha encarcelado a sus hermanos
y el chacal nunca ha vertido la pimienta en la vagina de
la hembra
tras violarla

(El corazón de las tinieblas, pag. 53)

Durante su estancia en Sudáfrica, Mario Jaime recorrió de afuera hacia adentro, las venas de este continente herido,  “cojo, sin columna, con el hígado traidor / y una flor seca en la clavícula” en el que la experiencia de la conciencia no se separa de lo sensorial y lo perceptivo.

En el imaginario colectivo, los pueblos, los dioses, los animales, habitan una África mítica en la que a diferencia de occidente, el yo, ese viejo postulado de Descartes “Pienso, luego existo” es sustituido por esa otra premisa que ante la pregunta ¿quién soy? La única respuesta que cabe es: “Somos muchos”.

Fueron los sän
nuestros padres
y veinticinco ancianos, mujeres y niños

hombres sin jefes

que recorrían el horizonte con troncos
en busca del impala

hermano del rinoceronte negro

devorados por el león del Cabo

(Fueron los sän, pag. 70)

A este tenor, ocurre que en el poemario como en otras culturas que no tienen en su idioma el manejo de los tiempos como pasado o futuro, llega a expresar todos los hechos de la vida, sean estos reales o mitológicos, en un solo tiempo, el presente.

Bang, bang, bang
Pero no, Kevin, Ken en tus brazos no expiró
Estabas lejos, dando entrevista

El Pulitzer, el buitre, la niña
A un mes de tocar su féretro en Nueva York

El Pulitzer, Kevin, bang

Y el odio del público

El verdadero buitre es Carter, publicaron

Intenté hablar con Dios dijiste
¿Dónde está Dios, Kevin?
¿En el buitre, en la niña, en la foto?
I am haunted
Fue tu última nota
Recuerdos, fantasmas de masacres y cuerpos
Te asfixiaste en tu coche

Sin más bang
Harto del bang

                                                                                                   (Kevin Carter, pag. 43)

Ocurre que quizá lo más importante en el poemario de Mario Jaime no es solo lo que como autor establece en relación con la sociedad en la que denuncia las atrocidades a las que enfrenta o es testigo, sino al parecer a esa otra naturaleza de nosotros los lectores o receptores, que como grupo social apela, y cuyas leyes y circunstancias conforman ese otro código de significaciones que pueden hacer que rechacemos o aceptemos la obra. En otras palabras, es como si Poemas africanos fuera un objeto intencional que cumple su cometido cuando esa “intención”  es completada o cumplida por el propio lector.

Para ello -yo- como lector debo de ser una parte activa, cumplir con una determinada función en la construcción literaria, es decir, preguntarnos cuál es el papel o valor de la historia, en este caso la de África, en el cuerpo del libro en cuestión. Porque lo que el poeta nos pregunta, entonces, es cuál es el papel que desempeñamos como lectores, por que, allí, radica la provocación o verdadera importancia del poemario.

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Poemas africanos, de Mario Jaime Rivera, colección Premios Nacionales, Ediciones La Rana, Guanajuato, Gto., 2014.

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Ashé África (Foto:©web)

El Instituto Estatal de la Cultura (IEC) a través de Fondo Editorial de Guanajuato , invita al público en general a conocer y charlar con el poeta Mario Jaime, sobre su libro Poema africanos, este sábado 03 de agosto, a las 12:00 horas, en La Librería, en Plazuela de San Fernando Núm. 35, planta alta. Los esperamos. Entrada libre.