Por lo que concierne a la poesía, ejerzo la crítica porque no creo en la crítica. Así las cosas, hago mía la sentencia de uno de los más ignorados escritores argentinos, un lobo solitario que escribió a espaldas del boom latinoamericano, al que él mismo desdeñó, Juan José Saer, cuando dice que: “No hay por lo tanto crítica de la poesía, sino crítica de su lectura.”

Roberto Goijman ©Raúl Bravo

Tengo fe en la palabra, no en la palabra que solo sirve para rellenar un número de sílabas o que marca una determinada línea sonora en un verso, sino la palabra que significa. Creo en esa ambigua precisión por pretende expresar lo que uno quiere decir.  De hecho, lo que verdaderamente distingue un poeta de otro es precisamente ese conjunto de cualidades que conforman su poética. Cada verso, poema y libro de poemas es la manera en que por escrito el poeta escribe notas personales sobre la naturaleza de la poesía, describe su propio ser y estar en el mundo a través de este singular “mecanismo” o “artefacto” de la cultura escrita: la palabra.

Esta descripción de la estancia que Roberto Goijman en Valparaíso (Remos de cartón, 2018), escrita durante el difícil periodo de sordera total que el poeta sufrió a lo largo de varios años , es el duro silencio que borró de un plumazo la armonía y cacofonía de las palabras, le permitió descubrir otros espacios de luz: la palabra no es solo lo que suena, sino la imagen que “apuñala”. En Remos de cartón, da justo en la tecla:

Ella está a mi lado
recuesta su cabeza sobre mi hombro
cierra los ojos
y su traza que cerne a dulce almíbar
avidece al letargo de mis brazos
La noche fue larga
y la mañana que todavía no ha comenzado
desea un lugar entre los dos.

En Roberto Goijman podemos “escuchar” esos otros sonidos que no son otra cosa sino un estado de ánimo, una emoción o la reminiscencia de ambos que el poeta pretende (¿compartir?) con el lector. El silencio mismo le permitió, entonces, concentrarse en la expresión  precisa de ese estado de ánimo, emoción o recuerdo para decantar su concepción intelectual y emotiva.

Entre la delgada mujer de cabellos largos

que de espaldas se apoya junto al tronco
y ese otro que toca un instrumento a cuerdas
se conjuga un rito
el punto molecular de la trasnoche.
Todo es un poema, se escucha
mientras un humo intoxica
a las moscas posadas sobre las ramas.

La quietud de esas callecitas de Valparaíso, y ese otro exilio que implica la poesía silenciosa, esos remos de cartón que lo alejan del entorno común, no menguaron los otros sentidos de estos discursos de Goijman en Valpo.

¿Le daré forma y luego vida
a la letra muerta en tapa dura de cartón?
¿Cuándo el bolígrafo se mueve luminoso
es capaz de levantar palabras caídas?
Uno debe agacharse
marcar bordes de baldosas enquistadas en cemento
ahí la tuberculosis no camina en las veredas
ni disimula los buenos aires
los canastos de basura
esperan la noche sin oler a mugre.

Tiene razón el poeta argentino Roberto Goijman, “uno no sabe cuando empieza ni como termina”. Uno desconoce cuántos fueron los largos días, la noches con frío y el viento bajo cero. Uno ignora que acaso hay una bala que lleva tu nombre y está destinada a entrar “en la raíz de tu ojo / cerámico / muscular / ayunado en divisas. Agujereado en formas microscópicas / lacerado de vientos / acuna miseria.”

Uno no conoce el día en que vas a ser secuestrado, el día que desmantelan tu casa o colocan una bomba. Uno desconoce que existe una Alianza Anticomunista Argentina, “Triple A”, y en cuya lista aparece tu nombre. Y no es un equipo de fútbol.

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Remos de cartón, de Roberto Goijman, editorial Camelot América, México, 2018.

Museo Iconográfico del Quijote, en el Centro Histórico de Guanajuato (Foto: Archivo)

NOTA: El miércoles 21 de agosto, en punto de las 20:00 horas, Roberto Goijman presentará su más reciente poemario, en el Patio de las Esculturas del Museo Iconográfico del Quijote, en Manuel Doblado número 1, Zona Centro, Guanajuato, Gto.