El Laberinto

Para Emma, aunque aún no sepa leer

Será que estaba desocupada o andaba más reflexiva de lo normal, pero hoy les quiero compartir todo lo que resultó después de que  mi sobrina de tres años me platicara, balanceándose de un piecito cubierto con un blanco calcetín a otro y haciendo énfasis con la cara más seria que alguien de facciones redondas y dulces  puede poner, la historia del monstruo morado.

Comenzó por decirme que tiene una cuna en su casa y a describir las dimensiones con sus manos, narradora nata sabe que toda buena historia comienza con un buen lugar, luego comentó que una noche, mientras dormía se apareció un monstruo de cabellos largos y morados y grandes manos que iba específicamente a comérsela, cuando le pregunte que cómo es que sabía esto, me respondió, como si fuese una obviedad, que él se lo había dicho. Debo aclarar que aquí mis propios temores hicieron su juego y me había imaginado a la criatura con sendos colmillos babeantes y listos para ser clavados en un mordisco, lo bestia al parecer, lo veo en la falta de mediación.

¿Y cómo lo alejaste? Volví a preguntar francamente interesada y su respuesta fue la siguiente: “Le dije que las niñas bonitas como yo no somos comida, somos seres humanos”. Si han contemplado la luna llena en octubre o los faros de un bochito encendidos, tienen la imagen perfecta de los ojos que puse en ese momento. Magistral. No solo hubo identidad y valor si no que se reconoció como un sujeto de derechos por su mera condición de ser humano (salpicado si gustan por el concepto de que la moral tiene cánones estéticos, pero ese error lo cometen los medios de comunicación todos los días y nadie les dice nada). Cerró el relato diciendo que después de eso comenzó a llorar su abuelo entró, le contó un chiste, le cantó una canción y se le quitó el miedo.

Analizando ya más técnicamente, los sueños que están dotados de sentido y  trama tienen la misma estructura que los mitos, es decir que se resuelve la contradicción de dos opuestos, en este caso el monstruo y la niña y actitud valiente y la asustada, ya sea a través de la síntesis o del héroe, que es  aquel que les recuerda al resto algo que ya sabían y que  ayuda a salir de la situación. Para esta historia hubo dos héroes, ella misma que le recordó al ser fantástico que es una persona y que por lo tanto no merece que le hagan daño y su abuelo, que una vez despierta se lo confirmó  regresándola a la normalidad apelando a elementos que nos distinguen absolutamente de los animales, y supongo que de los monstruos morados: el parentesco, la risa y el canto.

De paso al contármelo a mí me vino a recordar dos cosas: mis clases de antropología estructural de las que salió esa densa explicación (perdonen es un vicio que a veces no controlo) y que los niños no son seres incompletos o incapaces, solo menos complejos pero constituidos con el mismo orden que nosotros. Vaya que al final hubo más de un mito en este laberinto.