Histomagia

Don Pedro

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In memoriam

La historia de Doña Boni de cómo es que su marido, Don Pedro, la cuida desde el más allá

Muchas de las personas que vivimos en Guanajuato, nos resistimos a creer que cosas extrañas suceden en cada plaza, en cada callejón, en cada casa e incluso en cada habitación. Vivir experiencias paranormales es el pan de cada día en esta ciudad. Fantasmas, aparecidos, almas en pena, sonidos y todo tipo de seres extraños, son vistos muy a menudo por aquí.

Hace como quince días la señora Boni fue a la fiesta de su nieta a Cuevas. Para los que no conocen la región, Cuevas es una comunidad muy cercana a Guanajuato capital. Y bueno, resulta que ese día, la fiesta terminó tarde, por lo que su hijo Alejandro le dijo que esa noche mejor él, Vero -su esposa- y Alessandra, su hija, se quedarían a dormir en la comunidad, por lo que no llegarían a dormir a la casa. Ellos viven con ella en la capital. Doña Boni quedó de acuerdo, pues su hijo estaba en estado inconveniente para manejar.

Ella se fue a su casa a descansar, el día había sido arduo y duro para ella. Cerró con llave y candado la grande casa en que viven, y que esa noche se veía más grande sin la compañía diaria de su hijo y su familia.

Dispuesta ya a dormir, decidió que esa noche -contrario a su costumbre- dejaría la puerta abierta de su cuarto para poder ver, desde su cama, si alguien llegaba o intentaba entrar a la casa y poder ponerse a salvo; siempre es mejor prevenir que lamentar. Recordó que su esposo, Don Pedro, siempre le insistía en cerrar el pasador de la puerta por dentro, pues él nunca quiso que la puerta estuviera entreabierta, sólo bien cerrada con cerrojo.  En verdad lo extrañaba, extrañaba esas complicidades que casi más de cincuenta años se forjan en una pareja, y hace tres años lo había perdido, él había fallecido.

Doña Boni estaba en sus remembranzas ya en su duermevela, y viendo de vez en vez hacia la puerta abierta que daba al largo pasillo poco iluminado, de pronto, se quedó dormida plácidamente. A media noche, como que escuchó que alguien llegaba a la casa, no abrió los ojos, sólo se sintió más tranquila y que ya no estaba sola en esa casa tan grande. Y no lo estaba. Ella dice que en su ensoñación vio cómo desde el fondo del pasillo, alguien, caminando lentamente se acercó y apagó la luz perdiéndose entre esas sombras, entró a su cuarto, cerrando la puerta con el pasador, besándola en la mejilla como siempre hacía Don Pedro, siempre cuidándola y esa vez no sería la excepción. Terminada su labor, regresó por donde había venido. Giró su cuerpo, traspasó la puerta y se perdió en las sombras del largo pasillo.

A la mañana siguiente, cuando despertó, Doña Boni vio que la puerta estaba cerrada con el pasador y nadie más estaba en casa para hacerlo, pero recordó su sueño y simplemente sonrió y se dijo que no podría ser. Aún extrañada, quitó el cerrojo, abrió y subió a la cocina. Vio entonces que las cosas de su hijo Alejandro estaban en la sala.  Se dijo que Alejandro fue quien puso el pasador a la puerta.  Más segura de sí, se dispuso a hacer el desayuno. Su hijo subió a la cocina y ella le agradeció el que hubiera entrado a su cuarto a poner el cerrojo y salir por el balcón; él le dice que no, que él no fue, que decidieron no quedarse en Cuevas porque había bajado mucho la temperatura, y que en cuanto llegaron se fueron a dormir. Doña Boni recordó que su esposo cerraba siempre así con el cerrojo ¿habría sido él? No lo dudó: Don Pedro sigue al pendiente de ella como desde hace más de cincuenta años.

En verdad se debe ser muy afortunado si alguien desde el más allá te cuida y te protege, Don Pedro lo ha hecho invariablemente con Doña Boni, ni duda cabe, es de esos amores que pasan el tiempo y la eternidad. ¿Quieres conocerla? Ven, lee y anda Guanajuato.

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