El Muro de Berlín, icono de la Guerra Fría*

Compartir

Historia y caída de un hito

En menos de dos horas una multitud de berlineses se volcó sobre la pared divisoria y la derrumbó

Rafael López    Nov 7, 2019

©Gaceta UNAM

Noviembre de 1989. La República Democrática Alemana (RDA) vive un convulso periodo de crisis política. En los primeros ocho días se agudiza el conflicto al punto de que Erich Honeker, titular del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad, presidente del Consejo de Estado, no puede sostener su posición en el gobierno y renuncia.

De acuerdo con Dámaso Morales Ramírez, coordinador del Centro de Estudios Europeos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), el panorama era confuso, detonado por la negativa del sistema a conceder espacios a los movimientos políticos y sociales de aquel país.

Ante esta situación, con un gobierno sin liderazgo sólido, asume la dirección Egon Krenz, relató el investigador, sólo para ser actor y testigo de la caída del Muro de Berlín y con él la disolución de la RDA. “El 9 de noviembre apareció un militar de alta graduación para anunciar que se darían pases para cruzar hacia Alemania Occidental. ‘La gente puede ir, no hay problema’. Al momento, un periodista preguntó: “¿A partir de cuándo, señor?”. “A partir de ahora”, respondió”.

En menos de dos horas, una multitud de berlineses del Este se volcó al muro. Los guardias se vieron superados por su entusiasmo y simplemente, no hicieron nada. “Fue lo correcto”, consideró el académico. “Saltaron sobre el muro, y empezó su derrumbe. Ese acto se considera la liberación del pueblo alemán a ese régimen”.

Significado actual

A tres décadas de aquellos sucesos, Morales Ramírez reflexiona su significado actual en perspectiva histórica: a finales de la II Guerra Mundial, se habían conformado dos grandes frentes: el del Este por donde avanzaba el Ejército Rojo de la Unión Soviética y el del Oeste, liderado por los ejércitos de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Winston Churchill urgió, entonces, invadir el territorio alemán y llegar a Berlín. “Si el Ejército Rojo llega primero, ya no se van a salir”, argumentó.

Tal como lo había anticipado el primer ministro inglés, el Ejército Rojo llegó para quedarse en el centro político del Reich alemán. Desde entonces, Berlín se dividió en dos partes, la jefatura militar de los aliados y, por supuesto, el lado de los soviéticos.

En el contexto de la llamada Guerra Fría, “de la noche a la mañana aparecieron barricadas y se construyó un muro que dividió la ciudad. Después, en 1949, se crea la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), un organismo militar que agrupa a las potencias aliadas, y dos años después se hace la contraparte: el Pacto de Varsovia cuya esencia significa la división del mundo, “no sólo en el plano político e ideológico, sino también en el militar; un pacto, no escrito, en el que ambas partes estaban reconociéndose así como a sus zonas de influencia”, explicó el estudioso.

©Gaceta UNAM

Se hablaba del mundo occidental y del mundo oriental, dicotómico, de capitalismo y socialismo y durante años los análisis académicos y políticos se fincaban en esa interpretación del mundo dividido en dos, entre la confrontación Este y Oeste.

A finales de los años 80 y principios de los 90 del siglo pasado, el mundo fue testigo de una nueva visualización desde la perspectiva occidental. Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos, fue secundado por Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, de Gran Bretaña, en un proyecto conocido como Reaganomics o Reganomía, la política económica de libre mercado, en torno al Consenso de Washington, cuyo eje era ordenar el planeta desde el punto de vista de un capitalismo neoliberal.

En tanto, consideró, la Unión Soviética cuya capacidad económica había sido un misterio, experimentó un fenómeno de gran trascendencia. “Se hablaba de su gran capacidad tecnológica, militar y nuclear, pero no era clara su situación económica”.

Cuando asume Mikhail Gorbachov el poder, se da cuenta que no hay opciones sino adelantar reformas, como la Glasnost (Trasparencia) en el Politburó y en el corazón mismo del partido. Por otro lado, se impuso otra reforma en la economía, con la llamada Perestroika, con la que se adelantan concesiones económicas.

Años antes, había surgido un movimiento de trabajadores en Polonia con el que se anticipa un espíritu revolucionario por cambiar las relaciones con el poder político tanto en Alemania del Este como en Checoslovaquia, Hungría y en otras naciones de Europa del bloque socialista; es decir, demandas de libertades democráticas y participación política. Cuando la Perestroika y la Glasnost se salen de control se hace evidente que no había condiciones económicas para sostener un régimen como el de la Unión Soviética.

En opinión de Morales Ramírez, hoy en día Alemania aún sigue siendo dos Alemanias: el lado occidental donde se concentra la mayor parte de la industria, las empresas y la tecnología, y la oriental dedicada a la producción agrícola. Se advierte una gran diferencia en el ingreso que puede ser alcanzar hasta de tres o cuatro veces.

“Todavía persiste un muro: el cultural, el ideológico. En algunos círculos occidentales se quejan de subsidiar, pues con sus impuestos tienen que estar subsidiando a los alemanes del Este en cuanto a salud, educación, debido a que a 30 años de distancia de la caída del muro aún no se ha cerrado la brecha de desarrollo y hay diversas tareas por hacer.”

©Gaceta UNAM

Cuando cayó el muro, en el plano internacional se habló del triunfo del capitalismo, incluso algunos autores como Francis Fukuyama, refirieron el fin de la historia, remarcando que había terminado el socialismo. Se destacó el triunfo de la Reaganomics y esto, por supuesto, tuvo implicaciones en América Latina, donde surgieron gobiernos de corte neoliberal.

“Se habla, entonces, de un cambio de paradigma. Acaba el antiguo discurso Este-Oeste, y triunfa el neoliberalismo y deviene el mundo unipolar, lo cual, evidentemente, no es posible”. No obstante, apuntó el investigador, “a 30 años todavía quedan preguntas: ¿triunfó la Reaganomics; es decir, el modelo neoliberal sobre el socialista?.”

Realidad actual

De acuerdo con el docente, la razón que impulsó a Mikhail Gorbachov a adelantar reformas fue el carácter insostenible de la economía de Estado fincada en subsidios a la población en asuntos como educación, salud, transporte, alimentación y vivienda. Llega el momento en que la economía soviética es incapaz de continuar con los subsidios, y sobreviene la caída del gobierno soviético.

“Por otro lado, se habla del triunfo del capitalismo, y a 30 años lo que se ve en Europa es una juventud decepcionada con él. A cierto sector de los jóvenes se les conoce como mileuristas, porque no ganan más de mil euros al mes. Les alcanza, básicamente, para transporte, alimentos y vestimenta; y por lo regular viven con los padres o pagan un pequeño cuarto.

©Gaceta UNAM

“Ellos son parte de una realidad en Europa que conforman los más de 30 millones de pobres en aquella zona del planeta. Obviamente es lo que ahora está animando a muchas fuerzas políticas populistas, nacionalistas, radicales, ya sea de izquierda o de derecha, a convocarlos a sus proyectos”, sintetizó.

Finalmente, desde la óptica de Morales Ramírez hacer historia de la caída del Muro de Berlín ayuda a comprender el suceso en toda su dimensión; sobre todo a evitar fanatismos tanto de una como de otra parte. “Ayuda a entender que los muros dividen. Ayuda a hacer una sociedad más abierta, más tolerante y cosmopolita en términos de entender y vivir en el mundo desde la propia identidad”.


*Si gusta leer más sobre el tema, consulte: https://www.gaceta.unam.mx/el-muro-de-berlin-icono-de-la-guerra-fria/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *